
Quienes me leen, quizá desde hace veinte años –en el pecado llevan la penitencia–, saben que no soy muy dado ni a los escenarios apocalípticos ni a creer en las grandes conspiraciones; cualquiera que haya acudido en España a una reunión de su comunidad de vecinos sabe que es difícil poner de acuerdo secretamente a un grupo de personas, pero sobre todo sabe que es imposible que guarden el secreto. Y en cuanto a la proclamación diaria del fin del mundo, no es por restar gravedad a la tristísima España del sanchismo, pero al final la existencia es algo más que la política, supongo que lo importante en la vida es –adelante Pantomima Full- poder dar un paseo al sol por el barrio, comprar fruta envuelta en papel de periódico, saludar de lejos a los paisanos, y sentarte en una terraza a tomar un té matcha ecológico mientras lees plácidamente al capullo de Paulo Coelho. No sé, no lo he probado.
Dicho esto, nos vamos al infierno sin remedio. Tirando de un hilo para un reportaje exterior, he estado leyendo estos días innumerables ejemplares de periódicos de Marruecos, y además de divertirme con la fórmula protocolaria en que exageran las alabanzas al Rey antes de citar su nombre hasta seis veces por párrafo, me ha dejado a cuadros la inmensa cantidad de noticias, columnas de opinión y hasta anuncios de bufetes de abogados que explican y promueven las bondades y oportunidades de la regularización masiva de inmigrantes que está llevando a cabo el Gobierno.
En varios artículos de opinión firmados por abogados marroquíes o expertos en inmigración invitados al diario para la ocasión, se explica con pelos y señales cómo lograr acogerse a la regularización, partiendo de la base de que el destinatario de la información no reúna claramente las condiciones para hacerlo, y se expone con todo detalle la manera de burlar las trabas y de encontrar los subterfugios para ingresar en las filas de inmigrantes legales en España, con particular perversión en el modo de solucionar el peliagudo asunto de los antecedentes.
En medio del aluvión de escándalos nacionales, aunque se ha denunciado, sospecho que no hemos prestado suficiente atención a este movimiento suicida de Pedro Sánchez, que no puede analizarse sin tener en cuenta otras pinceladas que el Gobierno ha dado aquí y allá. Pienso, por ejemplo, en el decreto de atención sanitaria a inmigrantes ilegales, o la sorprendente decisión de la Junta Electoral, a instancias del Ministerio del Interior, de dar por bueno el uso de la aplicación miDNI sin el sistema mínimo de seguridad que garantiza una correcta identificación legal.
Conviene tener en cuenta también que la Ley de Nietos podría añadir dos millones y medio de nuevos ciudadanos al censo electoral exterior, que en la regularización masiva los inmigrantes de determinadas nacionalidades –en aquellos países con acuerdo de reciprocidad- podrían participar en el voto municipal, y que muchos de ellos –como los de Iberoamérica o Filipinas- pueden obtener la nacionalidad española y su derecho a voto en un par de años.
No todos estos movimientos tienen incidencia directa en las elecciones de 2027 pero sí la tienen indirectamente. Y en todo caso, a la hora de construir el puzzle, hemos de considerar que estas son algunas de las cosas que conocemos, pero muchas otras no han salido a la luz o simplemente, no se han puesto en marcha todavía.
No es necesario recordar que Sánchez logró liderar el PSOE con el pucherazo en las primarias, que sus redes sociales han vuelto a verse hinchadas artificialmente por enésima vez, pero batiendo récord de bots, con un incremento de seguidores inexistentes sencillamente imposible, y que no tiene aspecto de querer abandonar La Moncloa. Consideremos que el poder político ahora mismo sigue siendo el único muro de contención para que los miembros de este gobierno ilegítimo no se vean arrastrados en pocas semanas por la gran ola de la justicia que los acecha. Hay muchísimo en juego, hay muchísimos con las manos pringadas, y hay una inmensa legión de ciudadanos cobrando suculentas cantidades, como vemos cada día que asoman nuevos mensajes de Koldo, con los negocios de Sánchez y sus amigos.
Sin ánimo de ingresar en el club oficial de los conspiranoicos, confieso que veo altamente improbable que se celebren elecciones libres y limpias en España en 2027. Y no estoy seguro de que los grandes partidos de la oposición tengan un plan para hacer frente a este posible pucherazo a cámara lenta. Tendría coña que tuviéramos que solicitar el año que viene observadores internacionales. Casi nadie quiere creerlo, yo el primero, pero me temo que vamos hacia Caracas. Siempre nos quedará el té matcha, la fruta de barrio, y el capullo de Coelho.
