
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, doña Yolanda Díaz, no se priva de nada, pero todo le sale gratis porque tanto su casa y el servicio como sus viajes se los pagamos todos los españoles con nuestros impuestos. Es una obviedad, pero hay que insistir en ello ante disparates como el viaje de esta señora a los Estados Unidos para asistir a la gala de los Oscar. En representación del Gobierno de España, se ha alegado, y para apoyar una película y a su director, un tal Oliver Laxe.
De modo que la más alta representante de la plataforma Sumar en el Gobierno de coalición con el PSOE ha decidido que el cine español, que de cine tiene poco y menos aún español, es de su competencia, del Ministerio de Trabajo, y no del de Cultura, que ostenta uno de los suyos, Ernest Urtasun. O tal vez fue Urtasun quien le cedió el puesto a la vicepresidenta porque él tenía que ir a abrazarse con Joan Laporta para demostrar que este Ejecutivo está con el Barça de Negreira y la adulteración de la Liga. A saber. El caso es que ni la señora Díaz ni Urtasun estaban donde tenían que estar.
Si ya es cuestionable que el Gobierno tenga que mandar un representante a la gala de los Oscar, que esa representante sea la ministra de Trabajo es de un desahogo colosal. Y eso mientras las fuerzas que se aglutinaron en torno a la figura de Díaz se hundían en la miseria junto a sus colegas de Podemos en las elecciones de Castilla y León, comicios de los que ni Yolanda Díaz ni Urtasun han hecho el más mínimo comentario. Que Sumar está en las últimas ya se sabe. No hay más que contemplar el vuelo del buitre de Gabriel Rufián en torno a ese monumental cadáver político colectivo para extender el certificado de defunción. Pero no estaría de más un poco de decoro y de decencia política en el funeral.
Menuda estafa. Y Yolanda, de compras en Hollywood porque ella lo vale mientras el PSOE fagocita a su extrema izquierda, que no puede estar mejor representada que con Pedro Sánchez. La irresponsabilidad y la desfachatez de Díaz son fascinantes. Pocos ministros más inútiles, incapaces y desnortados habrá tenido el Gobierno y eso que en los últimos años ha pasado por ahí lo peor de cada casa, empezando por Ábalos y siguiendo por Teresa Ribera, Pilar Alegría, María Jesús Montero u Óscar Puente, entre muchos otros.
Que Yolanda Díaz se haya escaqueado de las elecciones en Castilla y León muestra un desprecio absoluto por el destino de todas esas siglas dirigidas por insensatos e insensatas como ella, que, no conviene olvidarlo, fue designada por Pablo Iglesias como su sucesora. Tal vez el principal mérito de Díaz fuera el de rodearse de delincuentes de la peor especie como el condenado por posesión de pornografía infantil Ramiro Santalices o el pederasta y violador Martiño Ramos, fugado en Cuba, ambos compañeros de luchas compartidas con la actual señora ministra. En cualquier otro caso, la carrera política de la valedora de semejantes tipejos sería basura, pero no ocurre lo mismo en la izquierda, cuyas tragaderas con los más abyectos delitos son inmensas y comparables con su desvergüenza. Yolanda en los Oscar y pagando el pueblo. No tienen decencia.
