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La Palestina del Caribe

¿Cuántas guerras y revoluciones tiene que perder esta gente para darse cuenta de que con la libertad, el pan y la vida de otros no se juega?

¿Cuántas guerras y revoluciones tiene que perder esta gente para darse cuenta de que con la libertad, el pan y la vida de otros no se juega?
Cuba | New York Times

Probablemente fidel castro tuvo razón en alzarse contra Fulgencio Batista... cinco minutos. Los que tardó la revolución cubana —que muchos, incluido quien esto firma, tuvimos una vez ingenuamente muy cerca del corazón— en irse al carajo. Al carajo comunista.

Quien se haya leído La historia me absolverá, el mítico alegato de un joven fidel castro cuando le llevaron a juicio el 16 de octubre de 1953 por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, entenderá de qué estoy hablando. No había ni una gota de comunismo en aquel discurso, que más bien me recordó siempre a algunos de jordi pujol. El Castro original era más un nacionalista que otra cosa. Lo otro vino después.

¿Qué habría podido ser de aquella Cuba de no encontrarse tan cerca de Miami, de no haberse puesto los Estados Unidos de la época tan de culo, con perdón, al cambio de régimen y, sobre todo, de no haberse cruzado en el camino de aquella revolución un iluminado de origen argentino que fascinó a generaciones enteras con sus pósters, sí, pero llevaba el fanatismo en la sangre? A los aficionados a reinventar la Historia les gusta pensar que Fidel era "el malo" y el Che, "el bueno". Que si este último no hubiera muerto prematuramente en Bolivia el paraíso en la tierra habría sido posible. Error. Inmenso error. Su influencia fue definitiva para que la perla del Caribe se incrustara en el joyero de la URSS. Matando para siempre todo lo bueno que en aquella revolución pudo haber en un principio.

Durante unos años, la dictadura castrista fue bastante más fea por dentro de lo que a algunos nos parecía desde fuera, pero por lo menos fue viable. Había con qué, pagando Moscú. A partir de la caída del gigante soviético con los pies de barro y de sangre, a las miserias políticas del régimen se suma el martillazo de la miseria real. De unas privaciones monstruosas que congelaron la isla en el tiempo, abocándola al callejón sin salida actual.

¿Hasta cuándo tendrán que soportar los cubanos que los comunistas occidentales de salón les utilicen de carne de cañón de sus tétricas fantasías y revanchas? ¿Cuántas guerras y revoluciones tiene que perder esta gente para darse cuenta de que con la libertad, el pan y la vida de otros no se juega?

Yo confieso que me equivoqué de joven al simpatizar con el castrismo. Que llegué a hacerlo hasta el punto de conocer a Aleidita Guevara, una hija del Che, a cuya casa en La Habana peregriné con la ilusión con que otros lo hacen a La Meca. Para que se hagan a la idea de mi enormísima ingenuidad de la época: al término de aquel viaje le escribí a Aleidita una larga carta dando cuenta del shock que había supuesto para mí conocer de primera mano la sufriente Cuba real. Tratando de convencer a la hija del Che de que su padre estaba equivocado. Esa era yo, Dios me perdone.

Nunca me ha gustado pablo iglesias. Me da más miedo que otros, no tanto por no compartir sus ideas, como por lo estremecedores que me parecen sus métodos. Sinceramente creo que la política democrática le venía pequeña o grande, según se quiera ver. Que para él pudo ser hasta un descanso salir del consejo de ministros para hacer lo que más le gusta: dar rienda suelta a sus impulsos tiránicos, no ocultar que si de él dependiera nacionalizaría los medios de comunicación y fulminaría a todos los que pensamos distinto. Como sucede en su admirada China.

Nunca me ha gustado pablo iglesias, pero su deleznable apoyo al castrismo desde una suite de lujo en La Habana machacada por el hambre, los apagones eléctricos y la desesperación ya me parece que se sale de los límites del sectarismo para entrar en la inhumanidad. Que están armando otra "flotilla", dicen. Para seguir haciendo con los cubanos pues sí, exactamente como con los palestinos: empujándoles a la muerte —a la de asco y a la más literal— anteponiendo el antiamericanismo y/o el antisemitismo a la más elemental noción de derechos humanos. Hablan de un genocidio palestino que es mentira, ocultando el verdadero: que algunos lleven 80 años anteponiendo la destrucción (fallida) de israel a la construcción (más fallida todavía, por ahora) de nada parecido a ningún estado palestino. Que por cierto no existiría ni a nivel hipotético si las potencias árabes que en 1948 se conjuraron para arrojar el Estado judío al mar hubiesen ganado. De ser así, lo que ahora se empeñan en llamar Palestina habría sido engullido por Egipto y por Jordania. Como la pobre Cuba fue engullida por una dictadura satélite del peor régimen de terror que ha conocido la Historia. ¿Qué más tiene que pasar para que les dejen a todos en paz?

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