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Emilio Campmany

La Indra de Sánchez

Esta es la España cotizada de Sánchez, igual de negra y sucia que la España de los Transportes, de las empresas de comunicación...

Margarita Robles, ministra de Defensa, saluda a Ángel Escribano, presidente de Indra. | Min. Defensa

Nos cuentan que, en enero de 2025, tras verse obligado Sánchez a descabezar Indra para que su presidente, Marc Murtra, se hiciera cargo de Telefónica, lo sustituyó por Ángel Escribano, empresario del ramo, a quien encargó levantar un gran campeón de la industria de defensa española. Sin embargo, cuando Escribano propuso que Indra comprara su sociedad, EM&E, Moncloa se enojó y se propuso deshacerse de él por un palmario conflicto de intereses. Don Ángel se resistió hasta que, ante la amenaza de cancelar el Gobierno los contratos con su empresa, dimitió. Todo es un cuento.

Primero. Indra quedó descabezada, no por casualidad, sino por el deseo de Sánchez de entregar Telefónica al PSC, del que Murtra es punto filipino. Segundo. La fusión de Indra con EM&E estaba estimulada por el propio Gobierno, que supo de ella desde el mismo momento del nombramiento del ingeniero madrileño. Tercero. En sustitución de Escribano, será nombrado Ángel Simón, otro capitoste del PSC, enviado en su día a CriteriaCaixa para cargarse a Isidro Fainé. No obstante el fracaso, había que pagarle el servicio. Cuarto. Negándose el Consejo de Indra a poner a su frente a alguien que no tiene ni idea de defensa, Moncloa consiguió pactar, a las 03:30, una solución de compromiso: dejar a Simón la presidencia no ejecutiva y que fuera el actual consejero delegado, José Vicente de los Mozos, quien dirigiera realmente la empresa. No será así porque se trata de la típica triquiñuela de Sánchez. Simón, de uno u otro modo, tomará las riendas de Indra y la pondrá al servicio de Moncloa. Quinto. Todo despide un hediondo olor a dinero. Luego, están los silencios.

Primero. El de Margarita Robles, ministra de Defensa, responsable de proporcionar a nuestro Ejército el material necesario para la seguridad de los españoles. No ha dicho ni pío durante toda la crisis. Segundo. El de Iván Redondo, contratado por una poderosísima empresa estadounidense, General Dynamics. Denunció a Indra y al Gobierno por haber excluido ilegalmente a Santa Bárbara, filial española de la norteamericana, de contratos milmillonarios. Tercero. Más allá de informar del movimiento con las mentiras difundidas por el Gobierno, los de elpais.com y de Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, que, a través de Amber Capital y gracias al Gobierno, tiene un importante porcentaje de acciones de Indra. Es notable el mutismo porque el armenio apoyó a Escribano durante el asedio al que le sometió Moncloa. Cuarto. El del PNV. Una empresa armamentística vasca, titular de un importante paquete de acciones de Indra y con buenos contactos en el partido nacionalista, se opuso desde el principio a la operación de fusión de la compañía de los Escribano con Indra. En consecuencia, la dimisión es ¿un éxito o un fracaso? Es difícil saberlo porque la fusión estaba apadrinada por el Gobierno. Pero ahora, a ese mismo Gobierno, le ha servido de pretexto para defenestrar a Escribano. ¿Qué piensan los vascos? No se sabe.

Esta es la España cotizada de Sánchez, igual de negra y sucia que la España de los Transportes, de las empresas de comunicación, estatales y no estatales, de la política exterior opaca, de los apagones, de la vivienda, de las obras públicas o de la falta de ellas, de los negocios alrededor de la inmigración ilegal, de los fondos Next Generation…

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