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La guerra de las comisiones

Los socialistas claman que el expresidente Zapatero es una víctima de la derecha y de la judicatura conservadora.

Los socialistas claman que el expresidente Zapatero es una víctima de la derecha y de la judicatura conservadora.
Zapatero comparece en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado, citado por el PP, para dar explicaciones sobre el rescate financiero público a la aerolínea Plus Ultra. | EFE

Es muy reveladora la diferente reacción de los socialistas según quién sea acusado de entre los suyos. Cuando acusan a la familia del presidente, todo es una conspiración de la derecha y de su brazo ejecutor, el sindicato Manos Limpias. Cuando es Ábalos o Cerdán quienes venden mascarillas inservibles a precio de oro o cobran mordidas por concesiones de obras públicas, el PSOE los abandona y dice que los socialistas no pueden evitar la corrupción en sus filas, pero sí reaccionar fulminantemente contra ella, a diferencia del PP. Si es el fiscal general del Estado el que delinque, dicen que fue condenado injustamente por el único crimen de decir la verdad, cuando en realidad lo fue por revelar secretos, tipo que exige para cometerse que precisamente lo revelado sea cierto. Cuando es Paco Salazar el denunciado por varias mujeres, el PSOE lo defenestra y exilia y vuelve a alegar que ellos saltan como un resorte ante cualquier comportamiento indecoroso.

Sin embargo, ahora que es Zapatero el que aparece sepultado por un rosario de indicios delictivos, acusado en un Juzgado de la Audiencia Nacional, los socialistas claman que el expresidente es una víctima de la derecha y, en especial, de la judicatura conservadora. Con él no hay respuesta a bote pronto ni expulsión a los infiernos que valgan, por más que los indicios que le acusan son tanto o más abrumadores que los que apuntaban a Cerdán y Ábalos.

¿Por qué esta diferencia de trato? Con Begoña y David se entiende porque son familia y no unos simples subalternos. Con el fiscal, también porque se vio en el trance de ser condenado, no por obrar con mayor o menor desahogo, sino por cumplir una orden expresa del presidente. Abandonarle, habría hecho que dejaran otros de obedecerle cuando llegara a pedir la realización de actos deshonrosos o directamente delictivos, como le pasó al pobre García Ortiz. Pero, ¿y con Zapatero? El solemne fue susanista y Sánchez suele ser rencoroso y vengativo con quienes en algún momento se le opusieron. Es cierto que Sánchez sabe perdonar, pero nunca sin acto de contrición mediante.

Una explicación a tan grosera diferencia de trato en circunstancias tan similares puede hallarse en la revelación que en su día hizo Ketty Garat con relación al cese de Ábalos en 2021. Según la periodista, el ministro no resultó condenado tanto por montar una trama corrupta, sino por haber entrado en directa competencia con otra dirigida por Zapatero. Esto exigía quitarle el juguete al ministro para que el expresidente pudiera mangonear a sus anchas. En las noticias de la imputación de Zapatero se habla de que los directivos de Plus Ultra contactaron no sólo con él, sino también con Ábalos, lo que sugiere una guerra por las comisiones a cobrar a consecuencia del rescate de la aerolínea venezolana. Al final, se llevó el gato al agua el expresidente gracias a la intervención de Sánchez. ¿Y qué interés podía tener el presidente en que el favorecido fuera Zapatero, adversario político en el PSOE, y no su mano derecha en el partido, el hombre al que tanto debía? Ahora no se me ocurre ninguno, pero seguro que dándole muchas vueltas se puede llegar a alguna conclusión.

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