
Cuando quitan a un socialista, el sanchismo siempre encuentra a uno peor para sustituirle. Cogieron a Ábalos y le sustituyeron Santos Cerdán, en la secretaría de Organización, y Óscar Puente, en el ministerio. Pillaron a Santos Cerdán y al que eligieron como secretario en la sombra fue a Francisco Salazar, que, como reveló Llamas, huyó a Argentina a comprar votos para Sánchez entre los muchísimos nuevos españoles que está acogiendo nuestro censo electoral. Quitaron a Iván Redondo y pusieron a Óscar López. Luego quitaron a éste y pusieron al doctor en mentiras y en justificarlas moralmente. Si Sánchez llega a casarse en segundas nupcias, podemos prepararnos porque la nueva será, aunque parezca imposible, mucho peor que Begoña y además querrá que le den el Cervantes diciendo cosas del estilo de lo de "jóvenes y jóvenas", que ya popularizó otra esposa de presidente socialista.
Y eso mismo ha pasado con el fiscal general, que parecía que no lo podía haber peor con Dolores Delgado y el sanchismo lo encontró. Y no sólo, sino que condenado éste por revelación de secretos, aún hallaron a una aún más obsequiosa y tiralevitas que el anterior. A este paso, terminarán haciendo fiscal general a Gonzalo Boye, que no puede reunir más méritos. Y parece mentira que la nueva no haya escarmentado en cabeza ajena al ver el trance en el que se vio García Ortiz por obedecer a quien cree su jefe y revelar un secreto cuya divulgación constituyó un delito. Pues ahora Peramato ordena al fiscal del caso no rebajar la petición de pena a un colaborador con la Justicia por el imperdonable pecado de haber señalado al "puto amo" y a su señora. Es cierto que el sanchismo no puede tolerar que nadie acuse a Sánchez o a su entorno de nada porque sin él se secarían de inmediato las ubres a las que todos están agarrados. Pero, si se llegara a probar que Peramato dio esa orden cumpliendo los deseos del presidente y no por haberse convencido de que legalmente era lo procedente, que es lo que tiene toda la pinta de haber ocurrido, lo suyo habría sido un delito de prevaricación. De modo que ya está tardando García Ortiz en llamarla para aconsejarle que borre todos los mensajes de su teléfono y de su cuenta de correo electrónico, que es lo que hizo él, y eliminar así todo rastro de la responsabilidad del capo y, de paso, también de la suya.
Evidentemente, podría ser que Peramato, examinado el caso, haya pensado que la colaboración de Aldama no merece más premio. Pero, lo más probable es que el número uno enrojeciera de ira al verse él y su mujer señalados en el Supremo como corruptos y que mandara a la fiscal castigar al chivato como don Michael Corleone ordenó la muerte de su cuñado. Es esencial dar ejemplo para que a nadie más en el futuro, por mucho que sepa, se le ocurra largar nada de la imperial pareja. Y es que, como vio García Ortiz y ahora comprueba Peramato, no es posible servir a la vez a Sánchez y a la Justicia. Y aunque en esto de Aldama no la pillen, que no la cogerán, que se ande con cuidado con lo que hace por agradar al jefe no vaya a ser que acabe como Ortiz.
