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El circo se queda sin enanos

¿Por qué en esta ocasión, a diferencia de otras anteriores, no nos han hecho comulgar con ruedas de molino como ha mandado hacer Presidencia?

¿Por qué en esta ocasión, a diferencia de otras anteriores, no nos han hecho comulgar con ruedas de molino como ha mandado hacer Presidencia?
Pedro Sánchez, tras pronunciar un discurso durante la clausura del Congreso del Espacio 2026 en Madrid. | EFE/ Sergio Pérez

Pedro Sánchez se ha preocupado de que muchos periodistas crean que parte de su bienestar depende de que él siga siendo presidente del Gobierno. Son quienes han aceptado proclamar sin rubor que en lo de la familia del presidente no hay nada, cuando es al menos evidente que una se apropió de un programa informático que no era suyo y el otro estuvo percibiendo un sueldo público sin ir a trabajar, y que se indignaron al ver que se condenaba al fiscal general por decir la verdad o revelar un secreto que ya no lo era. Sin querer entender que lo esencial del caso es que, aunque lo publicado fuera verdad, o más bien, precisamente por serlo, y aunque lo conociera ya un número indeterminado de personas, incluidos algunos periodistas, constituye un delito que un fiscal revele lo que conoce por razón de su cargo.

Todos ellos, cuando se supo que Zapatero había sido imputado, reaccionaron conforme a las instrucciones de Moncloa y se quitaron la palabra los unos a los otros para acusar al juez de ser tan facha como los que se atrevieron a procesar a los familiares del presidente o a condenar a "su" fiscal general. Sin embargo, muchos, aunque no todos, cambiaron enseguida de actitud a partir del momento en que leyeron el auto del Juzgado de Instrucción de la Audiencia Nacional. Entonces, el sentimiento fue de decepción e incredulidad. ¿Por qué en esta ocasión, a diferencia de otras anteriores, no nos han hecho comulgar con ruedas de molino como ha mandado hacer Presidencia? ¿Es solo porque Calama tiene unas formas más rigurosas que Peinado? Pamplinas. Las formas del Supremo con Ortiz no pudieron ser más contenidas y, sin embargo, la indignación fue igualmente ciclópea. Las razones son otras.

Todos sabían que Zapatero hacía negocios en Venezuela y en China a costa de los intereses generales de España cuando no de su erario público. Como sabían que Plus Ultra no tenía derecho al rescate y se le concedió por intercesión del expresidente. Sin embargo, llegada la imputación, en vez de enfrentarse airadamente a las evidencias, como hicieron con Ortiz, muchos de ellos se muestran "jodidos", por emplear la delicada expresión de Rufián. Podrían lanzarse a defender la inocencia de Zapatero como en otras ocasiones han defendido lo indefendible porque se lo mandó Sánchez. Pero esta vez la mayoría no lo ha hecho. ¿Qué ha pasado?

Podría pensarse en la contundencia del auto. Pero las pruebas contra Begoña, David Sánchez y el fiscal Ortiz fueron igualmente abrumadoras. ¿Qué es lo que cambia en esta ocasión? Lo que les tiene que no se hallan es que creían que Zapatero era intocable. Y, como es evidente que la red nada pudo extraer sin la colaboración de Sánchez —que encima, para parecer más culpable, defiende al corrupto en vez de arrojarlo al averno como hizo con Ábalos y Cerdán—, da toda la impresión de que el presidente está tan implicado como el expresidente. Y si Zapatero no es intocable, tampoco lo es Sánchez. No es que, habiendo creído en la inocencia de Ortiz, no crean en la de Zapatero. Ocurre que huelen el final, cosa que no hicieron cuando el fiscal fue condenado. Y quieren conservar la poca reputación que les quede. Algunas ratas han empezado a abandonar el barco. Si el ejemplo cunde, a Sánchez le pueden empezar a crecer los enanos, y mira que es corta la estatura de la mayoría de ellos.

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