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Agapito Maestre

España, tiranía democrática

El tirano Sánchez hace y deshace a su gusto y antojo sin control alguno, porque él, previamente, ha elegido a sus controladores.

El título de la columna no es contradictorio. Refleja una realidad. España, sí, es una tiranía. Tocqueville, entre otros grandes de la teoría política, estudió bien el significado de los regímenes políticos de "tiranía democrática". La principal conclusión de su análisis está vigente: "La peor y más nefasta tiranía es la tiranía democrática". Pues eso, esta filosófica tesis es hoy, y sospecho que lo seguirá siendo durante mucho tiempo, más actual en la desvencijada nación española que en el resto de Europa que, dicho sea de paso, tampoco está para tirar cohetes. España es una tiranía. Miles son las pruebas para demostrar la cosa. La primera es que los vasallos obedecen sin pestañear al tirano. La segunda es la ineptitud de quienes tratan de sacarlo del poder, pero intentando conservar su poderío tiránico… En fin, que esto es una tiranía cutre está a la vista: el tirano lleva tres años sin presentar la Ley de Presupuestos Generales del Estado en el Congreso de los Diputados. España carece de la norma clave para administrar el dinero del Estado. Sánchez gobierna, pues, a su antojo. Dispone de los fondos de las arcas públicas sin someterse al control del Derecho, o sea de la Ley.

Sin embargo, habrá mil listillos que afearán el título de esta columna. Así estamos. La faramalla periodística niega lo evidente, mientras la inteligencia española grita "socorro" que esto se hunde definitivamente. El tirano Sánchez hace y deshace a su gusto y antojo sin control alguno, porque él, previamente, ha elegido a sus controladores. Pero hay algo peor que eso, y es la otra gran prueba de nuestro tiránico régimen político, la persecución sistemática de quienes denunciamos la tiranía. El tirano y sus esclavos no quieren oír ese nombre. Simulan permanentemente con la palabra democracia sin que se les caiga jamás de la boca. La utilización fraudulenta del lenguaje es el látigo contra quienes denuncian el sistema político. Nada nuevo bajo el sol. El problema se agudiza, sí, cuando el tirano cuenta con la colaboración de quienes aspiran a heredar el momio tiránico. ¿Cómo puede explicarse que la Oposición, el PP, no haga algo sensato, rotundo y efectivo contra Sánchez que lleva incumpliendo el artículo 134 de la Constitución, aprobado en 1978 por la voluntad general del pueblo español en referéndum nacional, desde 2022? Sí, la prescripción ordena: "El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior". La orden es absolutamente clara y precisa. No admite discusión.

Sánchez sin embargo, desde diciembre del año 2022, que se aprobaron los últimos Presupuestos Generales del Estado no ha presentado otros ante el riesgo de que la mayoría del Congreso de los Diputados votara en contra. Es evidente que Pedro Sánchez está abiertamente enfrentado a la Constitución. Normal. Es un tirano. Pero lo que ya chirría más es que el PP, o sea, Alberto Núñez Feijóo no haya emprendido durante todo este tiempo ninguna acción o denuncia jurídica para que los jueces actúen conforme a derecho. ¿Cómo explicar al mundo democrático que España está sin Ley de PGE , es decir, el gobierno incumple la Constitución, y la Oposición lleva cruzada de brazo todo ese tiempo? No llamemos a este incumplimiento del Gobierno disfuncionalidad o anomalía democrática, sino indecencia propia de las tiranías. Tampoco ahorremos crítica a la pasividad del PP, porque eso sería contribuir a añadir escándalo sobre escándalo.

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