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Rehenes del último minuto

El Partido Popular no sólo no ha sabido parar la degradación del panorama político en España, sino que está diluyendo en ella su proyecto político.

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La muerte de la histórica política del Partido Popular y alcaldesa de Valencia durante 24 años, Rita Barberá, merece una profunda reflexión de hasta qué punto se ha degradado el escenario político mediático en España y de cómo el Partido Popular no sólo no ha sabido parar la degradación, sino que está diluyendo en ella su proyecto político.

Rita Barberá no ha podido superar la cacería político-mediática que la ha señalado durante centenares de horas de programación televisiva continuada como pieza de caza mayor de la corrupción patria y principal responsable de la corrupción valenciana que quedaba por depurar. Y todo ello, en ausencia de cualquier tipo de defensa de los que ella suponía los suyos. La quitaron el escudo y cayó. No ha sido la única, ni será la última. Sólo los buenos ejércitos cuidan de sus heridos. Sólo los grandes países no abandonan a sus muertos.

Sin esperar a estar imputada, ni esperar a que se la juzgara, ni mucho menos a que se la condenara, sin esperar a la más mínima depuración de las informaciones y saltándose cualquier acercamiento al respeto de la presunción de inocencia, Barberá fue condenada en plaza pública en lo que ahora llaman petición de responsabilidades políticas. Responsabilidades políticas arbitrarias en función del deseo de quien las imparte.

Aún recuerdo cómo las televisiones la hicieron protagonista de la apertura solemne de las Cortes encapsulándola en un círculo rojo; o cuando fue a la peluquería. No, los medios no han estado a la altura tampoco. Imparten su justicia popular, y sólo ellos pueden juzgar. Se han convertido en las nuevas turbas. Lo hacen bien. Algunos les premiarían. Pero eso no es periodismo.

Nadie ha estado a la altura. Poca o ninguna autocrítica. Estos días todos se blanquean. Aunque también les dan el altavoz a Podemos para que terminen de quemar el féretro. Como dijo un amigo, si esta es su piedad, cómo será su justicia. El PSOE les apoya. Por eso desgobiernan en muchos sitios, incluida Madrid.

En el mismo minuto procesal que José Blanco, el uno encontró consuelo en los suyos; la otra condena de los propios. El PP actuó como en los últimos años. Se declaró rehén del último minuto. Incapaz de defender la continuidad de un proyecto histórico clave para la vertebración del centroderecha español y, con ello, de las esperanzas, ideas o anhelos de millones de personas, optó por encontrar el placer en lo sencillo y lo fácil, dar la razón al contrario y no defender al propio, cuando lo merece. Bien por flacidez, bien por incompetencia, bien por ambición.

Incapaces de librarse de la presión del último momento o la última noticia, incapaces de dar e imponer una barrera clara –y defenderla– y en común con el PSOE –que la aplica en la apertura del juicio oral– a partir de la cual un cargo o afiliado deberá ser suspendido de militancia, optaron por el nosotros somos los primeros en echar a los nuestros. En cuanto les imputen. Acordado con C's. En este caso, ni a eso esperaron. Estaban en campañas autonómicas.

La muerte de Rita Barberá exige una profunda reflexión, sí, pero también consecuencias. El próximo Congreso y la próxima Legislatura serán un buen escenario para establecerlas, porque un ejército confuso lleva a la victoria del contrario. Y hoy por hoy, el contrario es un camino de difícil retorno.

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