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Traición

Cabe preguntarse si existe, entre los aliados de EEUU, una nación que haya actuado, en el último lustro, con tanta ambigüedad y desdén con la primera democracia del mundo como lo ha hecho España, especialmente su presidente del Gobierno

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No deja de resultar grave, gravísimo, que España haya tenido que ser reafirmada, indirectamente, como una nación aliada de EEUU, en un debate electoral entre McCain y Obama. Sin embargo, el gobierno socialista vende el asunto como una victoria de su gestión. Pobres. Resultan patéticos. Una cita de pasada, menos que una nota a pie de página, es suficiente para que un gobierno populista saque pecho y tome impulso para seguir engañando a sus electores, que son paradójicamente antiamericanos. Claro que España es un aliado de EEUU. ¿Cómo poner en duda un vínculo establecido por Franco y reforzado, con más o menos fortuna, por todos los gobiernos de la democracia, excepto quizá los presididos por Rodríguez Zapatero? Nadie, intelectualmente decente, pone en cuestión esa relación.

El problema no es si tenemos o no relaciones con EEUU. Sólo faltaba que algún memo plantease así el asunto.

Pero, hombre, si tenemos en cuenta que hasta los países más miserables, desde el punto de vista democrático, mantienen relaciones con EEUU, entonces ¿cómo alguien en su sano juicio puede presumir porque un candidato a la presidencia de los EEUU cite a España como país amigo? Más bien, por el contrario, deberían de sentir vergüenza de que seamos citados como un amigo indirecto de EEUU. El problema no es que no seamos aliados de EEUU, sino cuál es nuestro tipo de alianza actual. El problema es que con Aznar España era una nación importante (quizá no decisiva, para la administración americana) mientras que ahora no somos nada. Ése es el problema.

Sí, sí, insisto. Obama no dijo que España es un aliado de EEUU, sino que debemos ser tratados con deferencia por pertenecer a la Alianza Atlántica. Se imaginan la reacción de Sarkozy, o cualquier otro representante de una nación europea, al ser nombrados de paso por un candidato a la presidencia de los EEUU sólo por ser miembro de la OTAN, como si se tratase de Turquía. A pesar de todo, España es, sin duda alguna, un aliado de EEUU. Sin embargo, desde un punto de vista diplomático, cabe preguntarse si existe, entre los aliados de EEUU, una nación que haya actuado, en el último lustro, con tanta ambigüedad y desdén con la primera democracia del mundo como lo ha hecho España, especialmente su presidente del Gobierno.

Rodríguez Zapatero, menester es recordarlo para el buen funcionamiento de la memoria política, no sólo insultó con un gesto grosero a los EEUU cuando era el jefe de la oposición, quedándose sentado ante la bandera americana, sino que, además, llevó a cabo una de las acciones más criticadas por el mundo entero durante la guerra de Irak, a saber, sacar las tropas españolas cuando estaban cumpliendo allí una misión pacífica y humanitaria.

No obstante, esos dos hechos, sin despreciar su gravedad, no constituyen la esencia de las malas relaciones del gobierno de España con el de EEUU. Creo que es infinitamente más grave la opción política tercermundista y neopopulista potenciada por Rodríguez Zapatero, junto a sus socios y amigos del Caribe, frente a las políticas occidentalistas y de exportación de la democracia del gobierno de los EEUU y sus principales aliados europeos. Nuestra diplomacia está agarrotada y actuando torpemente, en verdad, porque desconoce que es imposible servir a dos amos a la vez sin caer en la traición.

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