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Un discurso de investidura

Rajoy ha dado un mitin. El que ha hecho un discurso de investidura ha sido Albert Rivera.

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Rajoy ha hecho un buen discurso electoral. A Sánchez le ha dado duro con la aritmética: usted, señor Sánchez, tiene bastantes escaños menos que el 20-D; el PP tiene 52 escaños más que el PSOE. A Iglesias lo ha ridiculizado con ironía y humor: usted, señor Iglesias, debe aprender que la Unión Europea es un modelo democrático para el resto del mundo, porque no promete, como hace usted a todas horas, lo imposible. Rajoy ha estado bien, pero no ha hecho un buen discurso de investidura. No ha hecho un discurso para toda la Asamblea. Se ha dirigido solo a una parte de la institución que le ha dado la palabra. Ha vuelto a desconsiderar el todo. Aunque lo tenía a la vista, Rajoy no ha captado el gran cambio de España. Rajoy no ha entendido al nuevo Parlamento. Rajoy no será investido.

Los representantes del PP, PSOE y Podemos han hecho discursos electorales. Rivera se ha salido en sus tres intervenciones, por fortuna, de ese guión. Rivera, sí, ha hecho un buen discurso de investidura. Un discurso nacional. Un discurso para todos los ciudadanos de España. Ha dado las gracias con buena retórica a todos los asistentes por escucharle suspendiendo el juicio sobre la persona que hablaba. Él, el parlamentario Rivera, hablaba antes en nombre del Parlamento al que se dirigía que en representación de un determinado grupo parlamentario. Quería dejar claro que lo importante no era quién hablaba, un representante de un partido político con solo 32 parlamentarios, sino la Asamblea que escuchaba. Antes de que sus palabras volcasen su sentido en el hemiciclo, era necesario resaltar, o poner en valor como diría un cursi, el gran cambio que se ha producido en España, a saber, el Parlamento nacional ha adquirido una importancia sin parangón en nuestra reciente historia democrática.

Los grandes cambios políticos de España están recogidos en este Parlamento. Entonces, ¿por qué, ay, se quiere acabar con él?, ¿por qué tantas prisas en estos grupos políticos por matar lo que les da la vida?, ¿por qué no explorar al máximo el poder que el Parlamento les otorga a estos políticos? Esas eran las preguntas que inspiraban la intervención de Rivera. Quizá, por eso, no dejó de sugerir a sus compatriotas allí reunidos que ejerciesen su poder en ese ámbito. Fuera del Parlamento perderían toda su fuerza. Nadie piense que, después de unas terceras elecciones, vendrán, dijo con ironía Rivera, otras vacaciones. Al contrario, todos perderán lo conseguido con unas terceras elecciones. Desaprovecharán la posibilidad de formar un Gobierno controlado por la única institución política que recoge el gran cambio de España: el Parlamento. Jamás esta institución había tenido tanta importancia como ahora. Nunca Sánchez tendrá la oportunidad de dirigir a su antojo un Gobierno, desde la oposición, con solo 82 diputados. Nunca Rajoy regenerará un partido político sin haber alcanzado la mayoría…

Lo relevante de las arengas riverinas ha sido despertar en los espíritus de sus oyentes la conciencia de su propio poder; incluso, cuando Rajoy se desvió apelando a su mayoría, lo puso en evidencia con sencillez pedagógica: la mayoría la concede este Parlamento; sedúzcalo, por favor, para que le invista. Rivera ha tenido la feliz idea de pedir a todos los parlamentarios que le escuchen como una voz anónima, una voz, sin duda alguna, nueva, muy nueva, surgida de un nuevo Parlamento que se resiste a ser destruido nada más nacer. El gran cambio político en España está en el nuevo Parlamento. ¿Por qué tantas prisas por matar al recién nacido? Rivera ha dejado en el aire esa pregunta amarga. Espero que haya soliviantado el ánimo democrático de algunos diputados. ¡Quién sabe! Lo importante es que ha dejado fuera los timbres individuales de un político partidista para resaltar que no eran ideas suyas sino del nuevo Congreso de los Diputados. Rivera ha hablado en nombre de toda la Asamblea. La singularidad de Rivera no ha sido mantener ideas originales, sino afirmar unas ideas, unos sentimientos, unas energías y resoluciones comunes, por fuerza, a todos los que vivimos sometidos a un mismo régimen de amarguras históricas: España se merece políticos mejores. En fin, Rivera ha hecho un gran discurso de investidura, pero no será elegido, porque ni siquiera es candidato. Es la tragedia de la política española.

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