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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Bernd Schuster, ingeniero de almas

Entrenar al Real Madrid es siempre una gozada, pero hacerlo en la era de Florentino era lo máximo a que un entrenador de fútbol podía aspirar. Con Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham en la plantilla el entrenador sólo tenía que decirle al equipo antes de los partidos "salgan y jueguen como les salga de los huevos". Yo mismo hubiera sido un magnífico entrenador durante la era florentina y no creo que hubiera ganado menos títulos que los que ocuparon el banquillo.

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Bernd Schuster, "Don Bernardo", como le llamaba siempre José María García, hubiera merecido sobradamente tirarse un par de temporadas de vacaciones en el banquillo del Madrid. Su problema es que ha llegado al club un poco tarde. Calderón no es Pérez y eso se nota. Gracias a su encanto personal y a la burrada de millones que le proporcionó la recalificación urbanística de la ciudad deportiva, "El Ser Superior", como llamaba Butragueño a su jefe Florentino, trajo al Madrid lo mejorcito del mundo mundial. Además no solía mentir. Dijo que si ganaba las elecciones Figo traicionaría al Barça y lo cumplió para desesperación de Joan Gaspart, que desde entonces no ha abandonado los ansiolíticos.

Tampoco es que Ramón Calderón, su sucesor, mienta por costumbre, sino que, digamos, tiene una relación peculiar con la verdad. Kaká ha sido fichado por Calderón lo menos nueve veces, aunque el genial jugador brasileño, ajeno a esta circunstancia, no se ha movido ni se va a mover en los próximos años de Milán.  De los tres fichajes galácticos prometidos una y otra vez por el presidente de la casa blanca, (Cesc, Kaká y Robben), tan sólo el último vestirá la camiseta de Bet&Win.

En su lugar ha contratado a un defensa brasileño llamado "Pepe", que es algo que no se puede llamar jamás un jugador del Madrid. Victoria Beckham no permitiría que un jugador llamado Pepe le pasara el balón a su marido, de ahí que haya tenido suerte al adelantar la marcha de su esposo a un absurdo equipo norteamericano, país en el que el fútbol tiene un peso específico cercano al cero absoluto. En realidad lo que hizo fue trasladarse ella a las colinas de Hollywood para cerdear con las superestrellas de cine y, de paso, buscar un equipo para que su marido, bastante más corto que ella, estuviera entretenido por las mañanas y los fines de semana.

Pepe, el jugador que nunca debió llamarse asíCon este legado (un presidente mentirosillo, ningún fichaje galáctico, un defensa llamado Pepe y la soberana manita que el Sevilla le ha recetado en la Supercopa) Schuster se enfrenta a la llamada con más o menos razón "Liga de las Estrellas". Si como jugador el rubio alemán dio abundantes muestras de su calidad, como entrenador ha acreditado también un soberbio expediente deportivo. No se trata sólo de su última temporada en el Getafe, equipo con un plantel de jugadores modestos que sin embargo ha desarrollado un nivel de juego a la altura de los más grandes, sino de la capacidad del entrenador alemán para poner a trabajar en serio a la plantilla en las condiciones más difíciles.

Vean si no su etapa como entrenador del Jerez. Veintitantos tíos acostumbrados al taca-taca-taca, venga esa manzanilla y arsá y olé, que en manos de Schuster se convirtieron en una brigada de panzers capaces de llevarse por delante a cualquier equipo de primera división. Después de verle revolucionar de esa forma el alma de un conjunto gaditano, no hay razón para pensar que en el Madrid no pueda llegar incluso a hacer que los jugadores corran un poquito durante los partidos. Es más, yo veo a Schuster muy capaz de dejar a Raúl en el banquillo, hazaña pocas veces intentada por los entrenadores blancos cuya realización se suele pagar bastante caro.

Este año el Madrid probablemente no ganará la Champions League, pero la plantilla rendirá en el campo a un gran nivel sólo igualado por la temporada pasada, con Capello en el banquillo, en cuyo pago fue puesto en la puta calle nada más ganar la liga. Eso sí, tras meter en el maletín nueve millones de euros, con lo que la patada en el trasero seguramente fue menos dolorosa.

En una ocasión preguntaron a Carlos Herrera, dentro de una de esas entrevistas-chorra con preguntas estándar, cuál era su principal sueño. En el acto respondió que ver al Real Madrid en segunda división. Ya puede ir desengañándose el famoso locutor. Con Schuster en el banquillo, aquest any tampoc.

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