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CHUECADILLY CIRCUS

De bellas azafatas y el secreto de Maxime Huerta

Tras veinte años de idas y venidas por lo principales aeródromos del mundo –no soy viejo, sino precoz– y trayectos a bordo de las mejores y peores aerolíneas del orbe, estoy en condiciones de formular el siguiente axioma incontestable: la belleza, altura y lozanía de las auxiliares de vuelo es una función inversa al precio del pasaje.

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Dicho en otras palabras, cuanto más cara, prestigiosa o subsidiada la airline, tanto mayor la flaccidez, pronunciada la arruga y oronda la figura. El liberalismo también pasa por la estética, o como afirmaba la Thatcher, hembra sin complejos cuya guapura comenzó a marchitarse el día en que fue nombrada ministra, privatization is beautiful... Ya lo creo.

Lo mismo se puede decir de la simpatía, solicitud y eficiencia de los azafatos y azafatas, esos sacrificados cabezas de familia que sobreviven a base de Melatonina, cocina internacional –ensalada César indigesta, solomillo sospechoso al champiñón regado con vino ácido y cheesecake de plástico– y algún que otro fling barato.

No voy a recordarles las decenas de anécdotas de terror protagonizadas por las famosas tripulaciones dinosaurio de Iberia, pues darían para varias entregas de Ussía, a quien esta semana toca saludar con especial afecto y gratitud. Hace unas semanas, el excelso columnista acuñó un término que en días ha dado la vuelta al mundo gracias a mi correo electrónico. Tanto así que la Conferencia Libero-Bollo Internacional ha concedido al escritor su premio Isla de Lesbos por la invención del vocablo omelettier. Por una parte, todos los delgados sabemos que la tortilla francesa es mucho menos calórica y bastante más saludable que la española, hecha a base de patata revenida y aceites refritos. Además, ya era hora de que alguien reivindicara, y de paso glamorizara, a este colectivo tan maltratado e ignorado por la sociedad machista. 15-love, Master (perdón y gracias).

Como les decía, el Iberian Dinosaur que se pasea por los pasillos de la aeronave lanzando miradas amenazantes a los pasajeros –"¡ni se te ocurra pedirme otro vaso de agua!"–, obligados entre otras cosas a tambalearse hacia la parte trasera del avión para ahorrarse unos euros en tabaco –"¡estoy harta de carritos!; si quieren comprar algo, que vengan ellos"–, cuenta con distinguidos homólogos en otras naciones. Aún recuerdo el "apague la luz de una vez y póngase a dormir" de Air India y el lacerante "¿Eres pasajero de pago o viajas gratis?" en la clase preferente de Aeroflot antes de la caída del Muro. Ya le vale al igualitarismo socialista.

En contraste, la afabilidad sin adornos de los chicos de British Airways, que además de estar bastante buenos saben de sobra de dónde sale su sueldo, sigue siendo proverbial. Me dirán que algunas sobrecargos perdieron la línea hace décadas, y que los anuncios en griego en un vuelo Londres-Miami resultan un tanto outlandish –mi derecho al silencio está por encima del de Adonia, Alethea o como se llame a practicar su idioma materno–. Pero en general, la cabina de BA, especialmente tras el cambio de uniforme, esa terrible bata de nanny "omelettierizada", es un lugar seguro y amigable en el que el sufrido pasajero nunca se preguntará si el personal de vuelo acaso será un comando de Al Qaeda disfrazado. Eso sí, cuidado con pasarse con la bebida o violar la paz del prójimo, pues estos chicos manejan las esposas mejor que los mismísimos Hombres de Harrison, y no dudarán en reprimir el hooliganismo encadenando al infractor a su asiento for the remaining of the flight;hasta el aterrizaje.

Kate Winslet posando con personal de vuelo de British AirwaysComo muestra del sano espíritu cosmopolita de BA, esta simpática instantánea tomada hace tiempo en la sección más exclusiva de la aerolínea. La estrella Kate Winslet, agotada tras un duro rodaje en América, posa acompañada por los rostros más amables del melting pot británico, que parecen estar diciendo algo así como Disfruta de la globalización, la auténtica marca de la libertad.

Regresando a nuestro país, tanto la ecologista Spanair –su revista sugiere a los pasajeros compensar el daño sufrido por el medioambiente ingresando una cantidad de dinero a través de una página web escandinava– como la cutre Air Plus Comet cuentan con un plantel de azafatas sacadas de algún concurso de belleza de los de antes. Rostro, cuerpo y andares seductores que hacen olvidar tanto la escasez de comida y bebida como la ausencia de películas y canales de música. Sin embargo, sugiero a los gestores de ambas compañías la contratación masiva de personal masculino para sus vuelos, no vaya ser que algún profesional del pelotazo rosa les acuse de homofobia y de paso se postule como Gran Inquisidor Zerolista de los Aires con la consiguiente subida de precio en los pasajes. Tiempo al tiempo...

Maxime HuertaY hablando de zerolistas, la estación estival, época de piscinas y de vuelta al gimnasio para recuperar la línea perdida, me ha producido uno de los shocks estéticos más traumatizantes de los últimos tiempos. La culpa es del guapo Maxime Huerta, quien por estas fechas presenta, cada día con más pluma, el matinal El programa del Verano en Telecinco. El ídolo de quinceañeras miopes y sus estilistas, los mejores del país, han logrado algo inaudito en televisión: conseguir que la pantalla adelgace. En vez de engordarle una talla, al progre valenciano la cámara le adelgaza dos, sobre todo en esa sinuosa región situada entre la cintura y la cadera, allá donde comienza el abdomen y la espalda pierde su nombre. Encontrarlo semidesnudo en el vestuario del gym y sufrir un semi vahído fue todo uno. Flotador talla familiar y tejido adiposo sobrante por doquier, por delante y por detrás, debidos seguramente a las largas horas pasadas escuchando chismes y otras idioteces. Está visto que la telebasura engorda más que un BigMac XL. Lástima que la ex ministra de Sanidad no se percatara de ello. Come Back Soon, Ana Rosa; la salud de tu chico no aguanta un día más. ¿Qué va a ser de ti, lejos de Ana?, ¿nena que va a ser de ti?

Todo lo contrario de lo que les pasa a Sabino Fernández Campo, ex secretario general de la Casa del Rey, y María Teresa Álvarez, cuya dieta, cirujano plástico, faja, método de meditación trascendental o lecturas deben ser declaradas Patrimonio Nacional de inmediato. Sus edades sumadas van camino de sumar el siglo y medio, pese a lo cual ambos lucen regios, mejor que hace años. Me los encontré atiborrándose de comida italiana en el restaurante Lucca de Madrid (Ortega y Gasset) hace un par de sábados. El único error fue el traje de chaqueta de Teresa, a juego con las paredes del local. De leerme, la autora de La comunera de Castilla, una obra interesante –mejor La reina Juana de Bethany Aram, quien interpreta la locura de la hija de los Reyes Católicos como una operación magistral de marketing político– habría estado prevenida contra ese desafortunado desliz. No obstante lo anterior, la contemplación de dos que a pesar de largos, y supongo que arduos, años de vida en común aún son capaces de regalarse simpatía, educación y hasta cariño en público sin cursilería es uno de esos raros placeres capaces de reconciliarle a uno con el mismísimo diablo. Espíritus indómitos como el mío tienen mucho de aprender de las formas y civilidad de personas como Sabino y María Teresa, cuya buena educación es siempre digna de emulación.

Por tanto, conmino a la pareja –o lo que sean en la actualidad– a revelar su secreto, mejor negro sobre blanco y a doble espacio, cuanto antes. Como diría Carlos Rodríguez Braun, el gaucho más cínico del planeta, "háganlo por nuestro bien".

A todo esto, todavía no les he contado nada de mi segundo tramo vacacional. Atención, pista: ¿qué sería del Apostol Martí si levantase la cabeza? La perdería.

chuecadilly@yahoo.es

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