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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Las ratas hablan latín

Está visto que existen personas como Alberto Ruiz-Gallardón y José Antonio Zarzalejos que subastan su "honor" como otros lo hacen con sus cuadros o el camisón invisible de Mailyn Monroe en Sotherby’s o Christie. Los primeros lo hacen ante los tribunales. Como buen socialdemócrata, Ruiz-Gallardón vende su "honor" barato, por tan solo 20.000 euros; Zarzalejos, como tuvo un hermano consejero en la Corte, lo pone más caro, 100.000.

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En realidad, ambos exigían mucho más, pero los tribunales les concedieron las sumas citadas considerando, se supone, que su "honor" no daba para más. Cabe preguntarse si el honor tiene un valor mercantil, y si uno puede venderlo cuando se siente ofendido. Yo no tengo nada contra el dinero (salvo que no tengo), ni contra el comercio, el mercado o el capitalismo en general. Más bien lo contrario, pero como soy chapado a la antigua creía que el honor no tenía nada que ver con la compra-venta de zapatos. Pues una vez más estaba muy equivocado, porque si esos señores –y los que te rondaré, morena– se consideraban gravemente ofendidos y pensaban que su "honor" había sido pisoteado, habrían exigido el euro simbólico sin intentar sacar beneficio y plusvalía. Esto, tratándose de polémicas en la prensa y de libertad de opinión, habría sido solamente ridículo, pero al menos no habrían vendido su honor. Al hacerlo, lo pierden.

Todo el mundo habrá entendido que me refiero a la campaña del poder contra Federico Jiménez Losantos en la que el pretexto del insulto sólo constituye una argucia jurídica para censurarle. Como recientemente escribí una crónica sobre el asunto (Del insulto considerado como un arte) no voy a repetirme ahora. Sólo señalaré de pasada que el editorial anónimo de El País del miércoles 30 de julio es perfectamente insultante para Federico. Por ejemplo, se refiere al "caudal de insultos, falacias y calumnias que este locutor a sueldo de la Conferencia Episcopal viene vertiendo" o a "ese locutor mentiroso y lenguaraz" y a la "descarada manipulación informativa y una limpia ferocidad imprecatoria". Si eso no son insultos, se les parecen mucho.

Aunque la campaña contra Federico constituya el punto álgido del pensamiento único y chabacano (si tanto le odian, es porque es el mejor), no es el único caso de censura e insultos contra los que no se someten al "pensamiento" oficial. Es el caso del Manifiesto por la lengua común encabezado por Fernando Savater, Mario Vargas Llosa, Félix de Azúa y otros intelectuales y firmado por cientos de miles de personas. El documento ha dado lugar a una gigantesca e histriónica campaña de mentiras e insultos que, desde luego, nada tienen que ver con el texto del manifiesto. Además, que no nos vengan con cuentos chinos, el español sufre un auténtico apartheid en las comunidades autónomas catalana, vasca y gallega. Cualquiera de nosotros tiene en la mente infinidad de datos sobre esa realidad. El rechazo de la Generalitat a la tercera hora (¡sólo tres!) de español en la enseñanza se basta por sí solo para demostrar el aquelarre y la forma en que el bilingüismo está siendo pisoteado. Pues, pese a esta realidad, el Gobierno, el PSOE, los nacionalistas y el 99% de los medios insultan al manifiesto y a sus autores usando un abanico de calumnias que van desde la acusación de mentir (pourquoi tout va trés bien, Madame la Marquise!) hasta la de ser fascistas. Pocas veces hemos asistido a una unanimidad tal en la mentira y la mala fe. Y lo divertido del caso, como señalaba Félix de Azúa, es que la mayoría de los insultos están escritos en castellano, la lengua maldita.

Fotografía de Fernando SavaterEsto por no mencionar a La Vanguardia, campeona en este caso de todas las categoría de desinformación, o a las incontables tertulias audiovisuales sabinianas. Una vez más, me quedaré con el ejemplo de El País. Junto a tres artículos defendiendo el manifiesto, han publicado centenares para atacarlo a navajazo limpio. Cebrián debe de considerar que una cosa así es modelo de tolerancia y de libertad de expresión. Estos tres únicos artículos van firmados por Félix de Azúa, Antonio Elorza y Fernando Savater. Bien sabido es que Savater está muy atado a Prisa-Santillana, se trata de una servidumbre muy provechosa para él. Por eso su defensa del manifiesto frente al delirio acusatorio y embustero de las ratas va acompañada de una crítica contra quienes atacan la "Educación para la Ciudadanía", pues usan los mismos métodos y con la misma mala fe. Con esta operación de birlibirloque no rompe totalmente con sus amos. Según él, los que atacan esa bazofia son católicos integristas y homófobos. Lo siento, pero es él quien utiliza los mismos métodos y proclama las mismas mentiras, porque yo (y muchos más) no somos ni lo uno ni lo otro. Y que no me acuse de no haberlo leído porque tengo en casa las fotocopias del B.O.E.

Mi crítica a EpC es tan tajante como sencilla: la supuesta "Educación para la Ciudadanía" es profundamente imbécil, y quienes la defienden o son imbéciles o borregos que obedecen ciegamente las órdenes de sus jefes. Que Savater elija su sudario, o que se quede con los dos. Francamente, que se repitan los principios de la Declaración de los Derechos Humanos, onusiana y constitucional, no le veo gran interés. Pero afirmar que "el Estado es el garante de los servicios públicos" no puede ser ley cuando muchos países democráticos privatizan precisamente estos servicios. Asimismo, cuando leemos que se ensalza "la práctica del diálogo como estrategia para abordar los conflictos" (BOE, nº 5, 5 de enero de 2007, página 718) se nos ponen los pelos de punta. Hasta Barack Obama ha cambiado radicalmente ese discurso. En nuestra piel de toro hemos podido constatar cómo esa misma "práctica del diálogo" con ETA ha dado resultados maravillosos.

Yo considero que obligar a los alumnos a estudiar un mundo que no existe, enseñarles que los conflictos se resuelven mediante el diálogo y el "buenismo", constituye una estafa peligrosa, un indoctrinamiento imbécil que da la espalda a la realidad, peligrosa, conflictiva y donde por ejemplo últimamente el terrorismo islámico se extiende hasta China. No necesitamos nuevos "principios del movimiento", aunque sean "bondadosos". Que los jóvenes, informados al máximo de la realidad del mundo, piensen y decidan por su cuenta. Pero me voy por los cerros de Úbeda, porque si casi nadie respeta la solemne Declaración de Derechos Humanos, si, pongamos por caso, en los países musulmanes no se respetan ni la igualdad entre hombres y mujeres ni la libertad de expresión, si bajo la bandera de la paz estallan guerras por doquier etc., ¿qué coño importa esa memez embustera de la "Educación para la Ciudadanía"? A la basura como lo que es, papel mojado, y Savater en el mismo cubo.
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