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LEVES TORTURAS VERANIEGAS

La perra gaviota

Hay al menos dos especies animales que convendría extinguir en su totalidad. Me refiero a las medusas y a las gaviotas, y no necesariamente por este orden. De hecho creo que borrar de la faz de la tierra a todas las gaviotas es más necesario que hacerlo con las medusas venenosas, porque el radio de acción de las primeras y su capacidad de molestar son mucho más amplios.

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La gaviota es un animal antisocial que reúne algunas de las características más despreciables de la creación. La gaviota es carroñera (le encanta disfrutar de la gastronomía típica de los vertederos más infectos), aunque se puede alimentar de cualquier cosa que se mueva y pueda destrozar con su pico. Yo he visto a un par de estos ejemplares asesinando a un pobre gorrión, dándole picotazos y sumergiéndolo a la fuerza en el agua, escena cruel que los bañistas evitamos a los niños haciéndoles mirar para otro lado. Convencido como estoy de que estas aves tienen un fuerte componente psicótico, quizás de origen genético (no hay más que estudiarlas para convencerse de que están como una puñetera cabra), probablemente cometieron el gorrionicidio simplemente por pasar el rato.

La gaviota, por otra parte, se produce con inusitada violencia incluso contra el ser humano aunque éste no represente una amenaza directa para ella. Las gaviotas son una especie de manifestantes antiglobalización alados, con un gran pico y mucha mala leche, que no dudan en lanzarse revoloteando a un par de palmos de tu cabeza sólo porque has pasado a veinte metros de donde tienen instalado su nido, que ya hay que joderse. Hay un paisano en la localidad costera donde paso mis muy merecidas vacaciones al que una gaviota, seguramente de extrema izquierda, le destrozó un ojo de un certero picotazo sin que mediara provocación alguna por parte de la víctima. Si decidiéramos por procedimientos democráticos sobre la extinción de las gaviotas, estoy seguro de que este hombre votaría lo mismo que yo.

¿Y el sonido que emiten? ¿Han escuchado alguna vez un ruido más desagradable que el de una manifestación aérea de gaviotas? Debe de ser su forma de protestar por el cambio climático provocado por el ser humano, al que han declarado directamente la guerra. Pero es que las gaviotas ya son cabronas desde polluelos. Aparte de ensayar el vuelo, nada más abandonar el nido comienzan a hacer sus pinitos vocales en una especie de concurso para ver cuál lo emite de forma más desagradable. Los polluelos graznan como auténticos hijos de perra mientras los papás les observan orgullosos desde la balconada de una vivienda próxima, en la que, por cierto, dejan su sello inconfundible. Se conoce que el placer de ver a sus retoños destrozando el mito del bello canto de las aves les afloja los esfínteres.

Carroñera, violenta y de sonido espantoso, la gaviota es el ave más radical de la creación, motivo por el cual ninguna corporación humana de carácter elevado la escoge como símbolo. Excepto el Partido Popular de España, claro, que además, y para que no queden dudas, no puso uno sólo de estos bicharracos en su emblema, sino dos. ¿En qué pensaban los estrategas del PP cuando decidieron el logotipo? Desde luego en esa comisión no hubo ningún residente en ciudades costeras, porque inmediatamente hubiera dado la voz de alarma. Mira que el reino de las aves es rico en especímenes que van desde el diminuto colibrí hasta el cóndor gigante. Un rico abanico en el que abundan los ejemplos de laboriosidad, belleza, sonido embriagador o utilidad para el ser humano. En otras palabras, especies de hondo calado centro-reformista. Pues bien, los peperos prefieren un animal claramente de izquierdas como la gaviota, a la que yo denomino el perroflauta del aire.

Si quiere ganar las próximas elecciones, lo primero que debe hacer el PP en su próximo congreso, además de echar a Arriola, es sustituir a la puñetera gaviota por otro animal más decente. Quizás un toro bravo. Con sus "colgantes", por supuesto. Incluso yo les votaría.
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