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CARISMA TOTALITARIO

Radiografía de un líder carismático

Estuve hojeando ejemplares de la publicación francesa L’Illustration de fines de los años 30 del siglo pasado. Me sorprendió ver numerosas fotos de Monsieur Hitler sonriente y distendido, simpático, confraternizando con diversos jerarcas en diferentes partes de Europa. Asimismo, las imágenes eran elocuentes en cuanto a transmitir el entusiasmo que su figura despertaba.

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Los textos que acompañaban las ilustraciones no hacían más que confirmar la impresión visual, con elogiosos comentarios hacia el líder nazi. Nunca antes había percibido, de modo tan directo, la manipulación de acontecimientos históricos. Porque tanto en películas como en libros se ve a un Adolf Hitler adusto, con aspecto marcial, que por algún motivo incomprensible atraía a la masas alemanas. Pero la verdad es que Hitler fue un líder sumamente popular en su época, dentro y fuera de Alemania. Tenía carisma. El término "carisma" proviene del griego y significa encanto, don, favor, veneración y gozo.

En un libro titulado El lado oscuro del carisma los psicólogos Robert Hogan, Robert Rasquin y Dan Farsini afirman que el líder carismático es narcisista. Expresan que "Su energía, confianza en sí mismos y encanto los conducen inexorablemente a la cima de sus organizaciones. Son pésimos gerentes. (...) Emiten juicios con mayor seguridad que otras personas. Por la convicción que muestran, la gente tiende a creerles y adquieren una influencia desproporcionada en las situaciones de grupo".

En Latinoamérica padecemos una grave epidemia de esa patología. Estas figuras continentales se caracterizan porque han decidido representar el papel del "buen salvaje". Con agudo olfato político han percibido que así aseguran la simpatía de la intelectualidad "progresista" europea y norteamericana. En Uruguay, el ex guerrillero tupamaro José Mújica encaja a la perfección con esa descripción. Muchos lo ven como favorito para ganar las elecciones de 2009. Se jacta del desaliño de su aspecto físico. En entrevistas, afirma que "a un hombre como yo, nacido y criado en el campo, le cuesta soportar la vida pública". Así transmite la falsa idea de que pertenece a una familia campesina. Hasta marzo de este año fue ministro de Ganadería. Cumpliendo un rol similar al de Guillermo Moreno en la Argentina, fue el encargado de presionar a los empresarios y lograr "acuerdos" para congelar o rebajar los precios de ciertos productos.

Símbolo de los tupamarosEn estos días se ha visto envuelto en juicios penales. Uno de los casos investigados se refiere a hechos de violencia ocurridos en 1994. En esa oportunidad, la justicia había decretado la extradición de ciudadanos vascos acusados de pertenecer a la organización terrorista ETA. Según se supo recientemente, para impedir esto los tupamaros tenían un ómnibus lleno de "miguelitos" (clavos cortantes para impedir la circulación de vehículos) y bombas molotov para usarlas contra la policía, pero no llegaron a hacerlo. En otro expediente es indagado por el presunto asesinato de un ex guerrillero y de otras personas, lo cual indicaría una política de ejecuciones por parte de los tupamaros en los años 70. "No me arrepiento de haber sido Tupamaro. Actuábamos de buena fe y de acuerdo con lo que juzgábamos conveniente", declaró Mújica recientemente.

En julio, Mújica fue declarado "Visitante Ilustre" de la capital argentina. Según el texto aprobado por los parlamentarios porteños, esa distinción se justifica por "su lucha por la democracia, por los derechos humanos, por una sociedad igualitaria y demás valores tributarios de una izquierda democrática en su país".

En Buenos Aires, con sus afirmaciones, metáforas y gestos pareció seducir a varios periodistas argentinos, algo que se tradujo en una amplia cobertura de su estadía. Asimismo, el diario El Mundo de España lo presenta como alguien que "se ha transformado en paladín del orden constitucional en Uruguay". Así se escribe la historia.

Hana Fischer es analista uruguaya.

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