Menú

Hablar mal del Gobierno

El Gobierno puede verse como un mal necesario para que dispongamos de una vía de escape, una especie de víctima propiciatoria que nos permita descargar o proyectar nuestras contrariedades y frustraciones.

0

El Gobierno puede verse como un mal necesario para que dispongamos de una vía de escape, una especie de víctima propiciatoria que nos permita descargar o proyectar nuestras contrariedades y frustraciones. Es un mecanismo psicológico muy general que se ejercita contra todas las formas de dominación reales o inventadas: los ricos, los curas, los yanquis, las multinacionales, etc. La cuestión es poder echar la culpa de lo que nos resulta adverso o simplemente contrario o ajeno.

Pero luego el resultado es que el Gobierno (en su más lato sentido) goza de la capacidad de imponernos multitud de obligaciones, sin ir más lejos, la de hacernos pagar todo tipo de multas y contribuciones. En ese caso se nos presenta un conflicto permanente entre el Gobierno y todos los demás súbditos: los ciudadanos, el electorado, el pueblo, los contribuyentes, los justiciables. Son unos pocos frente a todos los demás, pero la selección de los primeros cuenta con el privilegio de lo que llamamos "poder político". De ahí que nos parezca extraordinariamente molesto que los gobernantes se aprovechen de su posición para enriquecerse o, de forma más grave, para afanar una parte del dinero público en provecho familiar. Es lo que se llama corrupción o, popularmente, "llevárselo crudo", seguramente un mexicanismo.

No es suficiente la consideración general del asunto, sobre todo porque un político puede enriquecerse legalmente, y eso no es delito; antes bien, produce una cierta admiración, o por lo menos envidia.

Es notorio que, durante la llamada Transición (nunca nos dijeron hacia dónde), han sido dos los grandes partidos que han ocupado alternativamente el Gobierno de la nación, uno de la derecha, el otro de la izquierda. Ha sido una amable alternancia en el poder, como compete a las democracias dizque avanzadas. En principio se muestran antipódicos, pero coinciden en algo que parece odioso. En ambos conjuntos hay casos destacados de corrupción política. El partido correspondiente no debería llamarse andana a la hora de condenar abiertamente tales conductas. Ni debería conformarse con que el asunto terminara en los tribuales de justicia. Se impone el comentario expreso de tales conductas. Hablando un poco más fino, la repulsa debería entenderse a algo más sutil: el enriquecimiento desproporcionado de algunos de los dirigentes de los partidos respectivos.

Pues bien, se comprenderá ahora la extensión que ha alcanzado en la España actual el hábito de hablar mal del Gobierno. No son suficientes los esfuerzos del PP y del PSOE para renovarse o reformularse. No basta con una simple sucesión de las generaciones que mandan. Se impone la condena explícita de la corrupción política de sus antecesores en los cargos. Nada de eso se ha producido, ni el PP ni en el PSOE. Tampoco en los partidos nacionalistas que han gobernado en sus respectivas taifas. Con lo fácil que es en España destaparse con lo de la "enérgica condena" de esto o de estotro, naturalmente de boquilla. Lo que se pide es una simple declaración que a nada obliga en términos jurídicos, pero sí vincula moralmente. Ahí le duele, los políticos que no juran las leyes al tomar posesión, solo prometen, se ven obligados a comulgar con ruedas de molino. Hay que sospechar que en la simple promesa (de cumplir y hacer cumplir la Constitución y otras leyes) no se incluye la de menospreciar al que hace dinero con la política de modo desaforado.

Fíjese el lector amable que el listón lo pongo muy bajo. Todo el que llega a un alto cargo de Gobierno puede realizar así un modesto salto de altura. Basta con no robar o no enriquecerse de forma desproporcionada. Hay que imaginar lo que sería subir la exigencia hasta enjuiciar una obra política imaginativa, creadora, bien hecha. Me temo que los Gobiernos de la dichosa Transición no merecerían el aprobado. Las elecciones no equivalen a un tribunal competente para tal juicio. Así que solo nos queda hablar mal del Gobierno.

En España

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation
    España Baila Flamenco