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Amando de Miguel

Ideas para una campaña electoral

El ideal sería que todas las elecciones se celebraran en una sola jornada.

Amando de Miguel
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El ideal sería que todas las elecciones se celebraran en una sola jornada.
EFE

Para empezar, a ver si eliminamos la voz campaña, con su aire entre belicista y comercial. Peor es lo de precampaña, un largo periodo de despilfarro del dinero público, de jocosa holgazanería para el Gobierno, de atosigamiento para los hipotéticos votantes. Al menos cúmplase la ley: solo un par de semanas de propaganda antes del día de los comicios.

Los candidatos que concurren a las elecciones deberían ser consonantes con las cándidas vestiduras que se les otorga simbólicamente. Por tanto, harían bien los políticos en abstenerse de utilizar los bienes públicos para su mítines y proclamas. A no ser que tales bienes públicos (singularmente la radio y la televisión públicas) se cedan por igual a todos los contendientes.

Por encima de todo, los políticos deberían cuidar un poco más la plástica (ahora se dice "escenario") de sus intervenciones. En lugar de los usuales debates de los líderes en la televisión, ofrézcase otro formato. Abandónense esos atroces atriles, una decoración minimalista que más parece para un funeral. Siéntense los intervinientes en sendos sillones en torno a una mesita con bebidas y algo para picar, como si estuvieran en un salón doméstico. Abandone el moderador de la conversación (más que debate) cualquier idea de fijar bloques de preguntas con tiempos tasados. No hay que preocuparse de que algunos de los tertulianos abusen del tiempo o se desmadren por el tono del lenguaje. En ese caso tales deslenguados serán juzgados negativamente por los espectadores.

El formato que digo de este tipo de conversaciones se puede repetir con simples miembros o simpatizantes de los distintos partidos en liza. No hace falta convocar siempre a los cabezas de lista, que suelen hallarse bastante agotados.

Supongo que será una cuestión reglamentaria, pero convendría suprimir la cautela de la jornada de reflexión previa a la de los comicios. La propaganda electoral debe hacerse hasta el mismo día de ir a votar a los colegios. Habría que cuidar la norma, ahora incumplida, de que los electores se sitúen detrás de una cortinilla o biombo para elegir la papeleta y meterla en el sobre. Es una cuestión de respeto.

Desde luego, se impone ir atenuando la propaganda exterior del tipo de fotos retocadas colgadas de las farolas. La propaganda más eficaz, barata y estética, es la que se dirige por vía telemática.

No parece conveniente que los partidos publiquen largas listas de medidas o propuestas que integran los famosos programas que nadie va a leer. En su lugar, bastará que se enuncie un rimero de media docena de ideas que traduzcan la ideología de cada partido. Bien, somos un pueblo barroco; dejémoslas en una docenica.

Todas estas sugerencias son muy necesarias, por cuanto en España menudean las pugnas electorales municipales, regionales (autonómicas) y generales. El ideal sería que coincidieran todo lo posible en una sola jornada, por ejemplo, cada tres o cuatro años. Supongo que habría que cambiar la Constitución para llegar a un esquema tan simplificado, pero sería de la mayor utilidad.

Un consejo para las intervenciones de los políticos en cualquier medio, incluido el Parlamento o equivalentes. No lleven el discurso escrito o, por lo menos, no lo lean ce por be. Basten unas notas o un texto subrayado para que no se pierda el argumento. Pero lo fundamental es mirar a los ojos del auditorio, aunque sea de manera virtual a través de una cámara de televisión.

Ya sé que el castellano es un idioma barroco (y también las otras lenguas romances de España), pero no lo complique más. Por ejemplo, en lugar de "hoy" no hay por qué recurrir al galicismo "a día de hoy" o "en la fecha de hoy", que tanto se prodigan. Sobra la manida expresión de "a mi juicio", porque todo lo que sigue se presume de tal condición.

Hay muchas formas de señalar que uno es de izquierdas o progresista; nada más legítimo. Pero no hay que deducirlo del sonsonete de "ciudadanos y ciudadanas" o equivalentes, y no digamos el ridículo del femenino genérico: el "nosotras" para varones y mujeres. Cuando tengamos una verdadera democracia en España, sonará el himno nacional y figurará la bandera de España en los mítines de todos los partidos, de izquierda o de derecha. Es absurdo que, como ahora sucede, tales símbolos sean solo patrimonio de la derecha.

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