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Más paradojas del franquismo

El franquismo es un formidable capítulo de la historia contemporánea española. Otra cosa es su legitimidad.

Amando de Miguel
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Cordon Press

Resulta muy arduo emitir un juicio ponderado sobre el franquismo. Inmediatamente se contamina con la parte que tomó la familia de origen del opinante respecto a la guerra civil del 36. Es una forma de que esta continúe en las mentes de muchos españoles actuales. Se presenta, por ejemplo, en esa estupidez que llaman "memoria histórica", la negación de la inteligencia. Y encima recibe subvenciones públicas.

Se arguye que el franquismo careció de legitimidad porque se alzó contra la II República, que era una democracia en toda regla. Ya es raro que la supuesta ilegitimidad durara 40 años, pero el argumento presenta otro punto aún más débil. Hace falta ser muy ignorante o muy sectario para sostener que la II República fue una verdadera democracia. De haber triunfado las fuerzas republicanas en la Guerra Civil, España habría pasado a ser un satélite de la URSS. De haber sido los republicanos durante esa guerra verdaderos demócratas, habrían sido ayudados por Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países democráticos. No sucedió tal cosa. Solo recibieron apoyo de ciertos intelectuales de izquierdas.

Una anécdota significativa. El 17 de julio de 1936 se firmó un famoso manifiesto que llevaba la bandera tricolor y terminaba con este grito de guerra: "Libertad, Igualdad, Fraternidad". El manifiesto lo firmaba el general Franco.

Se ha repetido muchas veces el argumento izquierdista de que el franquismo se alzó para defender los privilegios de los aristócratas, los terratenientes y los rentistas, en suma, lo que entonces se llamaba "la caverna". Pero la realidad es que impulsó la construcción de una amplia clase trabajadora y elevó el nivel de vida de la población como jamás antes se había conseguido. Con los sacrificios correspondientes, claro está.

Se suele ocultar un decisivo hecho incontrovertible. A saber, que Franco ganó la Guerra Civil. La cual fue muy cruel, aunque no tanto en los campos de batalla como en las respectivas retaguardias. Ahí está la vergüenza de los paseos. La paradoja es que últimamente se han hecho todos los esfuerzos posibles para convencer a los españoles de que la guerra la ganaron los republicanos. Así, en Madrid se quitó la estatua de Franco en los Nuevos Ministerios, pero quedaron las de Largo Caballero y Prieto. Muchas calles con nombres de los héroes del bando franquista se han borrado para cambiarlas por héroes del bando republicano. El Arco de la Victoria de Moncloa se piensa dedicar a la "defensa de Madrid" por los republicanos, pero Madrid, con el resto de España, fue conquistada por Franco. En las manifestaciones y mítines de los últimos años se pueden ver ondear banderas republicanas. Ahora bien, si lo hacen con la bandera nacional y el escudo del Estado bajo Franco, el hecho se considera una provocación. Recuérdese que el ejemplar auténtico de la Constitución de 1978 lleva en la portada el citado símbolo de la bandera nacional con el escudo de Franco. Es todo un símbolo de la continuidad entre los dos regímenes.

Otro dato paradójico es que el rey de la restauración democrática de 1978 fue Juan Carlos I, quien fuera designado originariamente por Franco. No pocos de los primeros fautores de la Transición Democrática fueron (ellos o sus padres) altos cargos durante el franquismo. Algunas grandes ideas de la política franquista fueron copia de los proyectos de la II República o de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Por ejemplo, la red de embalses (pantanos), los regadíos del Guadiana, el trasvase Tajo-Segura, la escolarización general, los paradores nacionales. Durante el franquismo se ocultó cuidadosamente ese origen. Hoy mismo los políticos de los distintos partidos (de derechas o de izquierdas) se abstienen de reconocer algunas iniciativas políticas o institucionales del franquismo. El ejemplo, el hecho insólito de que los sindicatos estén, hoy como bajo el franquismo, subvencionados por el Estado.

En definitiva, aunque la malhadada memoria histórica trate de ocultarlo, el franquismo es un formidable capítulo de la historia contemporánea española. Otra cosa es su legitimidad, bastante dudosa, pero su eficacia parece indiscutible. No fue un episodio efímero. Por eso seguiremos hablando de él con conocimiento.

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