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Neologismos y tontería

El neologismo o el barbarismo pueden ser muy necesarios o simplemente pueden ser una muestra de exhibicionismo lingüístico.

Amando de Miguel
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No voy a entrar en la estéril polémica de si es conveniente inventar muchos neologismos o importarlos del inglés, que es el hontanar fundamental. Lo que hay que hacer es echarle gracia al asunto. El neologismo o el barbarismo pueden ser muy necesarios o simplemente pueden ser una muestra de exhibicionismo lingüístico. Lo mejor es que veamos caso por caso. El criterio es si son útiles y si no hay versión castiza.

Agustín Fuentes se refiere a ese nuevo cachivache electrónico que es la tablet. Su opinión es que debería decirse "tablilla", la correcta traducción de tablet. Tiene razón el de Valencia. También podríamos atrevernos con pizarra, pues ese objeto escolar de mi infancia era realmente el antecedente de la tablet. Incluso se le parecía en la forma y en la facilidad para borrar lo escrito. El método más expeditivo era escupitajo y frotamiento con el antebrazo. Comprendo que la cosa parece ahora más elegante, pero la función es la misma. Una pregunta: ¿por qué los artefactos informáticos o electrónicos suelen ser de color oscuro? No entiendo por qué no introducen colores variados.

Clipper Ledgard me avisa de un neologismo que circula ya profusamente en el Perú: inclusión. Entiendo que significa primar a las personas más necesitadas o con menos recursos para que salgan de su situación. La verdad es que esa voz está llamando a las puertas de los discursos oficiales. Claramente es lo contrario de exclusión. Atentos a la importación.

Julián Plana redarguye que en inglés sí hay una palabra que traduce bien la de intelectual. Es pundit. No estoy muy conforme. Pundit es una palabra hindú que equivale a letrado, ilustrado. En inglés se emplea con un cierto deje irónico. La voz que más se le parece entre nosotros sería lletraferit (en catalán) o su versión letraherido. También se utiliza con alguna ironía. Por cierto, la misma que tuvo al principio inteligentsia o intelectual. Pero los intelectuales adquirieron una prestancia pública en Francia o España, entre otros países europeos, que no se ha conseguido en los países de habla inglesa. Cosa curiosa, nadie se llama a sí mismo intelectual. Es un título de reconocimiento por parte del público.

Hay neologismos que no prosperan. Por ejemplo, week end (= fin de semana). Se utiliza así en francés y otros idiomas continentales, pero no en España. Aquí hemos dado en una apócope maravillosa: finde. Sirve muy bien para el deseo cariñoso de la despedida: "Buen finde".

Me gusta mucho presentismo, el interés desproporcionado por el presente, lo inmediato, lo cotidiano, con desprecio por el pasado o el futuro. Creo que la palabra la inventó el sociólogo Francisco Andrés Orizo hace muchos años. No se emplea mucho, pero es utilísima para diagnosticar otros muchos males sociales. Por ejemplo, la ignorancia histórica, el escaso aprecio por la instrucción, la centralidad de la fiesta y la irrelevancia del esfuerzo. Nada menos que es una de las claves de la actual crisis de económica, que lo es de valores.

Un neologismo de moda es el famoso copago. Es útil, pero no suena bien. Habría que inventar un nuevo término para indicar esa función de colaborar con el coste público de un servicio público.

Me irritan las palabras nuevas que se componen con el prefijo súper. Aunque el súper sin más (la tienda de alimentos) es una voz familiar. Es otra importación del inglés coloquial.

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