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Palabras raras y curiosas

“Mentecato” es un latinismo, mente captus (= falto de juicio, necio). Lo utiliza mucho don Quijote de forma irónicamente proyectiva. Esa proyección es típica de muchos improperios. Es decir, al insultar nos retratamos.

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Vuelvo a la polémica respecto a la voz “hostia”, que significa “bofetada” o “golpe violento” en el lenguaje coloquial y malsonante. Gabino Fernández Baquero sostiene que ese significado vulgar quizá provenga de que hostia en latín significa “víctima”. Desde luego, estoy de acuerdo en que ese significado no puede proceder de ostium (= puerta). Alguna vez propuse que, para no confundir con la “hostia” de la comunión católica, el sentido de golpe o bofetada podría escribirse como “ostia”. No he tenido éxito. Sigo creyendo que el origen de “hostia” en el sentido malsonante y desagradable está precisamente en su parentesco con el término religioso. No se me alcanza la relación que pueda haber entre “víctima” y “bofetada”.

Juan J. Carballal considera que  el verbo “cabrearse” está recogido ya en los diccionarios clásicos como “enfadarse”, y añade, “por las rabietas típicas de la cabra”. Puede ser, pero lo que me interesa es que, en el habla corriente, la voz “cabrearse” tiende a rozar el límite del lenguaje malsonante. Creo que se debe al parentesco con “encabronarse”, derivado, naturalmente de la acepción libidinosa de “cabrón”. Respecto a los “incordios”, don Juan J. dice que, efectivamente, empezaron siendo los tumores en el pecho, pero luego se extendieron a los diviesos en la zona perineal. Es interesante esa extensión porque quizá provenga de ahí que la voz “incordio” se acerque también al lenguaje malsonante.

Luis Cáceres observa que, en los programas de la tele sobre el tiempo atmosférico, se habla ahora de “cencellada” como una novedad, cuando toda la vida de Dios ha sido la “escarcha” consecuencia de la helada nocturna. Tiene razón. No hay que presentar ese hecho como un raro fenómeno que ahora haya sido descubierto. Parece que se relaciona con el cierzo, o viento frío del norte, que tiende a helar el rocío mañanero. Quizá sea una voz más propia de Castilla que de otras regiones.

Otra vez Juan J. Carballal observa que “témpora” en latín equivale a las sienes, los lados de la cabeza. De ahí que la expresión “qué tiene que ver el culo con las témporas” sea solo un juego de palabras como “la gimnasia con la magnesia”. Cierto es, aunque me sigo inclinando por la interpretación de una asociación irreverente, por ser las témporas una palabra de la liturgia católica. Añade don Juan J. que la etiqueta del Anís del Mono recoge la caricatura de Charles Darwin. Así es, pues la etiqueta se diseñó mucho antes de que Rubalcaba fuera conocido. Pero lo divertido es que, efectivamente, esa caricatura se asemeja al retrato de Rubalcaba. La cosa no tiene más enjundia que la de una chanza. Don Juan J. promete hablar otro día de algunas palabras coloquiales, como “tragaldabas, patidifuso, aspaviento y mentecato”. Esperamos sus comentarios. “Tragaldabas” parece una hipérbole del tragón o glotón, nada menos del que se come hasta las aldabas. “Patidifuso” es algo así como asombrado al máximo. Ignoro de donde viene. “Aspaviento” es palabra antigua. Equivale a los gestos o bravatas que hace los que discuten. Los aspavientos son propiamente los gestos que hacen los espadachines al cruzar repetidamente sus espadas en el aire para amedrentar al contrario. Claramente, es una importación del italiano “spavento”. “Mentecato” es un latinismo, mente captus (= falto de juicio, necio). Lo utiliza mucho don Quijote de forma irónicamente proyectiva. Esa proyección es típica de muchos improperios. Es decir, al insultar nos retratamos.

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