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Politiqués avanzado

La adopción de neologismos es un proceso que no tiene fin, casi por definición. Se aceptan para presumir, para no herir susceptibilidades.

Amando de Miguel
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Me parece que, a lo largo de esta seccioncilla, han quedado expuestos los rudimentos del politiqués, el dialecto de los hombres públicos (y para el caso de las mujeres, públicas). Como tengo muchos alumnos, conviene que pasen a segundo curso, es decir, a completar el aprendizaje con algunas normas algo más sutiles. (En politiqués se diría "sofisticadas").

La adopción de neologismos es un proceso que no tiene fin, casi por definición. Se aceptan para presumir, para no herir susceptibilidades. Por ejemplo, no está bien que en la parla politiquesa se refiera uno a los "pobres". Queda mejor hablar de los "empobrecidos".

La jerga de los hombres públicos cuida mucho las metáforas. Una particularmente feliz en los últimos tiempos es suponer que las cosas, los conceptos, las instituciones, los razonamientos tienen "patas". Queda muy anticuado decir que tienen facetas o aspectos. Lo de "la primera pata", "la segunda pata”, etc., deja embobado al auditorio. Son argumentos “multipódicos”, si se puede decir así.

Otro hallazgo de la nueva lengua (al estilo de la acuñada por George Orwell) es el circunloquio. Hay términos que pueden resultar ofensivos, hirientes, tabúes. En su lugar se da un rodeo para decir lo mismo con más palabras. Por ejemplo, hace pocos días destituyeron a la directora de la Agencia Tributaria por un lamentable error que podía afectar a una infanta. Pero la voz destituir ha sido proscrita del diccionario politiqués. Ni siquiera se recurrió a la palabra dimisión, tan digna. Se habló con naturalidad de que se había realizado un "relevo a petición propia" de la citada directora, sin siquiera aducir sus causas. Los más viejos recordamos que, durante la larga cuarentena franquista, se recurría igualmente a ese circunloquio del "relevo a petición propia" para ocultar la indigna destitución. Es un rasgo autoritario que pervive en nuestra cultura democrática. Lo de relevo tiene un aire entre militar y deportivo que lo hace más digno.

El politiqués gusta de periodos ampulosos, frases largas y muletillas que hagan las frases más redondas. Para ello se necesitan algunas fórmulas de entrada. Por ejemplo, "yo suelo decir…", "yo soy de los que dicen…" (o peor, “yo soy de los que digo…”), “estamos hablando de…”. Queda muy bien iniciar un argumento con “en primer lugar”, aunque ya no haya más lugares. Ese tipo de introducciones dialécticas vienen muy bien a una variedad del politiqués, que es el tertulianés, sea de radio o de televisión.

No se olvide el hombre público, sea o no tertuliano, que lo "transparente" es siempre mucho mejor que lo "opaco", lo "profundo" mejor que lo "superficial", lo "global" mejor que lo "particular". No hay ninguna razón lógica para que eso sea así, pero la convención funciona. La acción de profundizar da mucho prestigio; no tanto la de levantar, erigir. Diríase que estamos en una cultura troglodítica. La crisis económica va a resolverse porque "hemos tocado fondo". Claro que no se dice que es el momento de empezar a escarbar.

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