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Precisiones léxicas y errores de bulto

Cuidado que hemos visto tropelías léxicas en Cataluña, pero obligar a los pacientes a hablar en catalán desborda cualquier imaginación

Amando de Miguel
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No hay nada como esta seccioncilla para aprender a precisar las palabras, las ideas. Por ejemplo, Pelayo (así, sin más) me asegura que la cencellada no es la escarcha producida por el rocío congelado (como yo decía). “Cencellada es cuando la niebla y la bruma se congelan formando miríadas de cristalitos microscópicos que, una vez depositados en el suelo, forman una capa blanca helada y a veces bastante gruesa y dura”. La verdad, no veo mucha diferencia entre la versión de don Pelayo y la mía. Otra cosa, en el colegio de bachillerato nos decían que una definición no debe empezar nunca con “es cuando”. Pero eso es lo de menos.

Javier Vicuña interviene en la polémica que aquí traíamos de la palabra “hostia” con el significado de golpe o bofetada. Don Javier apoya mi tesis de la vinculación de ese sentido con la idea de reírse de las cosas sagradas. En apoyo de esa interpretación me adjunta una amenaza típicamente riojana: “Te pego una hostia que te consagro”. A propósito del parecido de la etiqueta del Anís del Mono con  Rubalcaba, don Javier observa que la cabeza de Goliat en el famoso cuadro de Caravaggio es parecidísima a la del alcalde Zaragoza, señor Belloch. En efecto, así es. Estas cosas alegran la vida.
 
Puestos a buscar excentricidades, Avelino Romero comenta la de la nueva obligación de los médicos catalanes, que tienen que atender a los pacientes en catalán, aunque los pacientes sean castellanohablantes.  Por lo mismo, esa misma atrabiliaria orden dicta que en los centros sanitarios públicos de Cataluña no figuren folletos o papeles escritos en castellano. Se lamenta don Avelino de que el PP no irá en contra de esos desaguisados por la manía que ahora les ha entrado de que lo que importa es la Economía. Lo dejo aquí para discutir. Cuidado que hemos visto tropelías léxicas en Cataluña, pero esta última desborda cualquier imaginación. A título de comparación, recuerdo que el permiso de conducir de Estados Unidos, cuando estaba en la Universidad de Yale, lo saqué en castellano (el test y el examen oral). Me dieron esa oportunidad y la aproveché. Me encantó el detalle.
 
José María Navia-Osorio ha detectado un grueso error en mi última novela, Judíos en la ciudad de los ángeles. Un personaje dice que Sem, Cam y Jafet son hijos de Abraham. Don José María anotó en seguida el lamentable error. Como todo el mundo sabe, Sem, Cam y Jafet son hijos de Noé. Las tribus que se forman en la sociedad judía se hacen a partir de los 12 hijos de Jacob, quien fue el hijo de Isaac, quien fue el hijo de Abraham. Me confundió la voz “tribu”, que procede de las primeras tres tribus que había en Roma: los ramnenses, los tatienses y los luceres. Era en su etapa fundacional. Luego hubo otras tribus y más de tres. Pero quedó el nombre de “tribu”. De esa palabra se derivó el “tributo” y seguramente “tribuno” y “tribunal”. Siempre podría argüir que el error dicho de los hijos de Abraham, por los de Noé, es una equivocación del personaje de ficción en la novela, no mío. Pero nadie se lo va a creer. Así que pido humildemente perdón. Algunas veces también Homero se echaba la siesta.

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