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“La persistencia” de Puigdemont… contra las víctimas

El último vómito del presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha caído sobre la tumba de las víctimas del terrorismo.

Antonio Robles
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El último vómito del presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha caído sobre la tumba de las víctimas del terrorismo. No lo recordaré, afortunadamente vivimos nuevos tiempos, donde los exabruptos tienen réplica.

Se le ha achacado a este golpista a jornada completa que comparó el triunfo de la lucha contra ETA con la persistencia del "pueblo catalán" por lograr la independencia.

En su patológica obsesión por ver en cada gesto y gesta democráticos el modelo estético para vender, ocultar y adornar sus agresiones al Estado de Derecho, no reparó en la posible deducción. Dudo que la hiciera a propósito; más bien le falló el inconsciente en su obsesión por reducir todo al procés, sin reparar en los sentimientos de las víctimas. Es aquí donde está el problema, en la falta de empatía con las víctimas. Como le faltó a buena parte del catalanismo político siempre. Estaban en otra cosa. La lucha de ETA por Euskalerria era su aspiración inconfesable. Y es que cuando se comparten fines, se comprenden medios. O al menos se ignoran. La prueba más evidente fueron los 40.000 votos nacionalistas catalanes de ERC coaligada con Herri Batasuna en las elecciones europeas de 1977 que precedieron al atentado de Hipercor, como lo fueron los años de silencio sin mover un dedo para apoyar a las víctimas en las manifestaciones que transcurrieron entre la indiferencia de la mayoría de la sociedad catalana. Por entonces, solo un puñado de ciudadanos se reunían en la Plaza Tolerancia, junto a Hipercor, para honrar a las víctimas mortales que caían cada poco con la total inhibición de las instituciones catalanas. Efectivamente, gentes como Puigdemont fueron persistentes inhibiéndose de ese dolor o negociando con ETA para que no matara en Cataluña, como hizo Carod Rovira yendo de incógnito a Perpiñán en coche oficial y ostentando el cargo de presidente de la Generalidad por ausencia del titular. Al fin y al cabo, los muertos eran españoles, guardias civiles, botiflers en el mejor de los casos, es decir, colonos castellanohablantes enemigos de las libertades de Cataluña.

Tiene razón, toda la razón Puigdemont cuando habla de "persistencia". Efectivamente, él y los suyos fueron persistentes en su empeño por olvidarse de las víctimas durante los últimos 30 años. Arrogarse ahora el título de la lucha contra ETA o el de asistentes de las víctimas tiene lo suyo. Aquí, en estas mismas páginas de LD, relaté y denuncié ese calvario en 2007. Bueno es recordarlo y calibrar el inmenso cinismo al que asistimos el pasado martes, 17 de junio, cuando los máximos gerifaltes del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalidad de Cataluña, Ada Colau y Carles Puigdemont, honraron a las víctimas en el primer acto institucional organizado en 30 años. Y el primer acto que organizan en 30 años lo fue a espaldas de la Asociación Catalana Víctimas de Organizaciones Terroristas (Acvot), que ya tenía prevista la fecha de cada año para el día 19. Al del Ayuntamiento de Ada Colau ni siquiera les llamaron.

Menos mal que al final estuvieron presentes las máximas autoridades de Cataluña, con el presidente Puigdemont y la alcaldesa Colau, el lendakari Urkullu y el ministro del Interior Zoido en el acto realizado ante el monumento a las víctimas el día 19, con José Vargas, presidente de la Acvot, a la cabeza. Incluso la alcaldesa y el presidente golpista reconocieron el olvido institucional y pidieron disculpas.

Bien está lo que bien acaba, pero es que han sido 30 años de persistencia en el olvido de las víctimas, Sr. Puigdemont. Esa persistencia en el olvido y no la comparación de la lucha contra ETA es la que delata realmente la obscenidad del honorable.

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