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El autogolpe de Chávez

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El presidente Chávez, bajo la orientación de los servicios de inteligencia cubanos, fabricó un golpe para descubrir la conspiración que se viene desarrollando en el seno de las Fuerzas Armadas y simultáneamente poder destruir los resortes de la resistencia civil que seriamente amenazan la integridad del gobierno. De acuerdo con las informaciones que han circulado en Venezuela, son 58 los generales que participaron en el famoso golpe militar que culminó con el secuestro del presidente. Chávez utilizó un autosecuestro para mantenerse en el poder. Nadie ha podido entender cómo un movimiento militar de proporciones tan extensas pudo haber fracasado, cuando no hubo combate alguno para liberar al presidente.

¿Por qué los golpistas desistieron del golpe? Ese es un misterio, como también lo es tratar de descubrir cómo muchos de los generales que aparecieron respaldando la conspiración siguen tranquilos y contentos, gozando de todas sus prerrogativas. Lucas Rincón Romero, el único general de tres soles que tiene Venezuela y general en jefe de la Fuerza Armada, es un caso verdaderamente raro en el mundo de la subversión latinoamericana. Apareció primero por la televisión respaldando a Chávez; luego anunciando que Chávez había renunciado y que también lo había hecho el alto mando militar. Horas después, fue nuevamente noticia al reconocer a Chávez cómo el jefe de Estado. Pero lo más raro es que pese a tantas piruetas políticas, conservó intacta la jefatura máxima de las Fuerzas Armadas.

Chávez llegó maquillado y listo para las cámaras de televisión al Palacio de Miraflores. No era la imagen de un presidente que acababa de ser rescatado del enemigo. Daba más bien la impresión de que alegre y contento venía de unas cuantas horas de veraneo en una buena playa. Todo confirma que fueron los servicios de inteligencia cubanos quienes escribieron la telenovela del secuestro del presidente venezolano.

La farsa logró su objetivo: Chávez ha descubierto a un grupo importante de conspiradores dentro de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la treta no ha dado todos los resultados que aspiraba el presidente. Un gran sector militar no mordió el anzuelo y permaneció aparentemente indiferente. Algo similar a lo que ocurrió hace 44 años, cuando el general Marcos Pérez Jiménez fue derrocado. El golpe del primero de enero de 1958 contra el dictador venezolano fracasó militarmente y no tuvo mayor resonancia dentro de importantes guarniciones, pero 22 días después del fracasado alzamiento inicial, ocurrió el pronunciamiento unánime que terminó con la dictadura de Pérez Jiménez.

Chávez puso en marcha un audaz juego para destruir la resistencia civil y detectar a un importante grupo militar conspirador, pero le salió el tiro por la culata, como señala el viejo refrán venezolano. La farsa profundizó la división existente en las Fuerzas Armadas. Los dos grandes sectores militares, chavistas y antichavistas, no se han puesto de acuerdo, pero la purga que ha comenzado ya en las filas uniformadas los unirá más pronto de lo que creemos.

El reloj está contando ya las últimas horas del autócrata.

Armando Frontado es analista político venezolano.

© AIPE

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