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Carmelo Jordá

El virus antifa

El virus antifa, que está por lo público y con la mayoría social, en unas manifestaciones contagia y en otras no.

Carmelo Jordá
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El virus antifa, que está por lo público y con la mayoría social, en unas manifestaciones contagia y en otras no.
C.Jordá

Estamos ante el germen más inteligente de la historia. Hasta ahora me he resistido a creer en la teoría de que el coronavirus es un producto de un laboratorio chino que accidentalmente ha quedado fuera de control, pero empiezo a pensar que es aún más grave: es un patógeno liberado a propósito después de haber sido diseñado para infectar a la gente de derechas.

Sólo así puede explicarse el milagro de que los mismos que decían que unas manifestaciones durante el pico alto de los contagios no tuvieron ninguna incidencia en el desarrollo de la epidemia, después y ya con la enfermedad en una fase menos virulenta afirmasen con la misma contundencia que otras movilizaciones eran una auténtica bomba biológica; y de repente vuelvan a callar ante otras manifestaciones en las que al parecer no vuelve a infectarse nadie.

La diferencia, ya lo habrán adivinado, perspicaces lectores, es que mientras unas movilizaciones eran por causas justas y de progreso, las otras fueron poco menos que bacanales fascistoides en el camino al golpe de Estado. Y el virus antifa, que está por lo público y con la mayoría social, en unas contagia y en otras no.

Debimos empezar a sospecharlo al comprobar que la enfermedad se cebaba sobre todo con los ancianos, que ya sabemos todos que votan fatal y si no fuera por ellos Pablo Iglesias habría llegado antes al poder que tanto merece y, sobre todo, que tanto ansía. Sin embargo, en nuestra inocencia habíamos creído aquello que Pedro Sánchez nos dijo en varias de sus edulcoradas homilías televisivas de que el "coronavirus no entiende de fronteras ni de ideologías".

Pero, oh cielos, resulta que el presidente nos mentía –Sánchez mintiendo, me pinchan y no sangro– y el bicho sabe perfectamente si una manifestación es facha y hay que ir a degüello y cuando es por cosas cuquis y feministas, o sea, tía, y hay que respetar. Incluso es capaz de entender, a través del humo de los comercios incendiados y los cristales de los escaparates rotos, si está ante una protesta de la mayoría social porque Trump es un malvado y odia a los negros. Y ahí, claro, tampoco se mete.

¡Anda que no es listo ni nada!

He hablado antes de la posibilidad de que el coronavirus sea un producto de laboratorio específicamente diseñado para la justicia ideológica, pero no hay que desdeñar que su conversión se deba a la benéfica presencia de Unidas Podemos en el Gobierno: BOE en mano los de Iglesias están demostrando ser capaces de convertir el agua de un virus que no entendía de ideologías en vino de otro que sabe muy bien de qué lado están la mayoría social, la justicia fiscal y, en suma, La Gente.

O también podría ser que se crean que somos gilipollas, que no nos enteramos de nada y que se pueden pasar la vida diciendo una cosa hoy y mañana la contraria, que ya se encargarán después los Ferreras Rocher de verificarles las trolas.

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