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Carmelo Jordá

La España en la que puedo creer

España, puede ser, tiene que ser y es como nos la propone Libres e Iguales: culta, abierta, plural, variada, interesante.

Carmelo Jordá
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Cuando el fanatismo alcanza la suficiente profundidad en el corazón –o en las entrañas, si ustedes lo prefieren– de la gente resulta muy difícil extraerlo de ahí con razones, borrarlo con argumentos que quizá sí servirían en otra situación, que probablemente harían cambiar –o al menos dudar– a esa misma persona que se muestra inasequible a cualquier discurso racional.

En una parte importante de la sociedad catalana, el grado de profundidad que ha alcanzado el nacionalismo –una de las peores formas del fanatismo– es tan grande que la cuestión escapa ya a todo argumentario racional, y por eso uno tiene la sensación de que todas esas advertencias que se están haciendo en los últimos días –que se quedarían fuera de la UE, que habría un corralito, que a las empresas no les quedaría otro remedio que irse…– son tan ciertas como probablemente inútiles.

A pesar de ello, hay que hacerlas, sí, porque lo que no es aceptable es que se deje todo el terreno de juego para que la mentira campe libremente; pero ahora ya la verdad no parece suficiente, la digan Obama y Merkel o el porquero de Agamenón, y la lástima es que probablemente sí lo habría sido hace unos años, seguramente no muchos.

Pero hoy ya no basta: hay que ir más allá, hay que ofrecer un relato que no patee la razón, como hace el discurso nacionalista, pero que llegue a más sitios, que haga vibrar otras fibras. Porque España puede ser y tiene que ser algo más que un espacio de seguridad y comodidad económica, España debe ser y es algo que atraiga, que emocione. España puede unirnos, es capaz de unirnos, más allá de la cartera; seamos de izquierdas o de derechas; madrileños, catalanes, vascos o de Valladolid; periodistas, políticos, artistas o mediopensionistas.

España, puede ser, tiene que ser y es como nos la propone Libres e Iguales, la España que hemos visto en el acto de este martes en Madrid: culta, abierta, plural, variada, interesante. Un país alejado del fanatismo, una nación de compatriotas y no de enemigos que nos ayude a ser más libres, a ser mejores.

Quizá ahora no les parezca que esta patria nuestra arrasada de sectarismo, partida en dos o en tres o en 17, sea algo que valga la pena, pero yo he visto este martes en Madrid un país en el que soy capaz de creer, un país por el que vale la pena luchar, que no tiene por qué ser una maldición o una condena. España puede ser algo hermoso, depende de nosotros que seamos capaces de hacerla así. Yo creo que merece un esfuerzo, por los catalanes, por todos los demás y porque si no lo logramos… mejor que nos vayamos despidiendo de ella.

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