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Yolanda Díaz, esa trabajadora

Lo mejor sería que se pusiese al frente de la Organización Internacional del Trabajo a una señora que lleva años dando la turra sobre lo malo que es trabajar.

Lo mejor sería que se pusiese al frente de la Organización Internacional del Trabajo a una señora que lleva años dando la turra sobre lo malo que es trabajar.
Yolanda Díaz, durante el pleno extraordinario de este jueves en el Congreso de los Diputados. | EFE/ Víctor Lerena

Pedro Sánchez ha lanzado este jueves la ideica de que Yolanda Díaz pueda convertirse en directora general de la Organización Internacional del Trabajo, uno de esos gigantescos chiringuitos de la ONU cuya función no está demasiado clara, más allá de llevarse cantidades industriales de nuestro dinero.

Vaya por delante que tengo serias dudas de que esto signifique realmente que Díaz vaya a ocupar dicho puesto: por un lado no veo a Sánchez con un predicamento internacional como para influir en decenas de países de la ONU y que todos voten en masa a Yoli Tenacillas. Por el otro, como la cosa dependa en un 5% de las virtudes políticas de la propia interesada, especialmente de su proverbial incapacidad para enlazar varias frases coherentes en su propio idioma –no quiero ni pensar lo que debe ser en inglés, si es que chapurrea algo–, las posibilidades de éxito son nulas.

Pero más allá de que yo piense que Yolanda Díaz pueda llegar a ser o no directora general de la OIT, la cosa tiene bemoles. Para empezar porque no hace tanto tiempo la todavía vicepresidenta pertenecía a un partido que limitaba, con grandes alharacas, los sueldos que podían cobrar sus afiliados y, sin embargo, de lograr el nombramiento la de Sumar se iría a unos emolumentos por encima de los 200.000 euros netos al año. No se pierdan el detalle, que es la monda: netos.

Hay que ver, los que venían a luchar contra la casta.

El mismo partido y todos los que lo siguieron se han desgañitado también contra las llamadas 'puertas giratorias', que ya sé que para ellos sólo son las que dan a empresas, pero es que esto ya no es una puerta, es un pórtico giratorio que ni el de la Gloria: sueldazo, casoplón –supongo que en Ginebra, una ciudad encantadora pero carísima– y encima menos responsabilidad y exposición pública que siendo portero de cementerio.

Sin embargo, lo mejor no es eso, lo mejor sería que se pusiese al frente de la Organización Internacional del Trabajo a una señora que lleva años dando la turra sobre lo malo que es trabajar y, en esto sí que hay que reconocerle no poca coherencia, siendo un ejemplo casi perfecto de cómo evitar tan pesada carga. Sin olvidar que se trata de la ministra de Trabajo con la segunda tasa de paro más alta de la OCDE, y eso aun a pesar de que las cifras de España están más manipuladas que la carne en una fábrica de salchichas.

Pero por lo visto esto no se ha parado a pensarlo la propia Yolanda Díaz, que seguro que está convencida de que ella lo vale y, sobre todo, de que además se lo merece, que es lo mínimo que le deben después de los sapos corruptos que se ha tragado y le ha hecho tragar a su partido para no molestar a Sánchez. Lo malo, Yolanda, perdona que te lo diga, es que a mí me da que Pedro te va a tomar una vez más ese pelo tan arreglado que siempre luces y que te vas a quedar compuesta, con sapos y sin OIT.

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