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Carmelo Jordá

Por fin, la Política

Hay que saludar la intervención de Albert Rivera de esta tarde como la llegada, por fin, de la Política al panorama postelectoral español.

Carmelo Jordá
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Hay que saludar la intervención de Albert Rivera de esta tarde como la llegada, por fin, de la Política al panorama postelectoral español.
Albert Rivera | EFE

Hay que saludar la intervención de Albert Rivera de esta tarde como la llegada, por fin, de la Política al panorama postelectoral español. La Política, así con mayúscula, no el politiqueo personalista en el que nos hemos visto sumergidos desde el 26-J o, si me apuran, desde el 20-D.

La Política, que a veces significa comerte tus propias palabras y admitir tus errores, que en cualquier caso debe significar hacer cosas que lleven a la solución de los problemas y no a que se enquisten.

Porque, aunque algunos se empeñen en lo contrario, la situación actual requiere de los partidos y de sus líderes un esfuerzo especial que la sociedad está demandando. Por supuesto que ni a Rivera ni al resto de la directiva de Ciudadanos les apetece pactar con el Rajoy que nombró a Bárcenas, el presidente que tanto crédito ha perdido, en tantos sentidos, durante los últimos cuatro años. Pero cuando la aritmética parlamentaria es tan compleja como después de las dos últimas citas electorales no siempre puedes elegir tu pareja de baile. La realidad nos fuerza a elegir casi siempre entre las opciones malas y las peores, y negarnos a verlo no suele ser de gran ayuda, precisamente.

Además, Rivera, en una intervención que me ha parecido brillante, no sólo ha dado ese paso, sino que ha sido capaz de justificar y explicar el cambio de posición de una forma convincente. Ha hecho de la necesidad virtud, como suele decirse.

Porque el movimiento del partido naranja es además políticamente inteligente: no sólo es un avance importante de cara a desbloquear la situación política, sino que vuelve a mostrarse ante la opinión pública como el partido capaz de dar pasos que los demás no quieren dar, de llegar a acuerdos que los otros no son capaces de firmar, de generar consensos que sin Ciudadanos se antojan imposibles.

Y todo desde un grupo parlamentario de 32 diputados que no sólo es el más pequeño de los cuatro grandes, sino que en teoría debería ser irrelevante: no sirve para conformar una mayoría, tiene 55 escaños menos que el PSOE y está también muy lejos de los 71 de Unidos Podemos. Pero hay que ver cómo lucen.

Lo dicho: al fin, la Política.

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