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¿Rivera o Casado?

Para los que queremos que España siga siendo una nación de ciudadanos libres e iguales, poder elegir entre Rivera y Casado no sólo no es una desgracia sino que es una buenísima señal.

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Albert Rivera y Pablo Casado | EFE/PP

Parece que la llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP ha sido un nuevo mazazo para Ciudadanos, que ha dejado al partido de Rivera, otra vez, sin capacidad de reacción y, al menos aparentemente, hundido en el pesimismo y poco menos que noqueado.

Uno se pregunta, para empezar, cómo es que nadie en esa casa había previsto esta eventualidad –oiga, que no era tan difícil: sólo había dos candidatos– y ahora se transmite esta sensación de andar improvisando tonterías de diverso calibre, con lo poco que habría costado pensarlo un poco mejor antes.

Y es que muchos –y yo diría que no pocos en el propio partido naranja– ven el ascenso de Casado como la definitiva condenación de Rivera. La verdad es que no tiene por qué ser así, igual que, aunque pudiese parecer lo contrario, Ciudadanos no tenía ya la Moncloa ganada, llevado a hombros sobre una mullida alfombra de encuestas.

Sí, está claro que Casado puede ser un adversario electoral más duro de lo que iba a ser Rajoy en su enésima campaña y, sin lugar a dudas, mucho más de lo que podría haber sido una Sáenz de Santamaría que ya hemos visto que no sabe ni hacer campaña ni prepararse un discurso medio decente; pero eso todavía tenía que pasar e incluso puede no ocurrir nunca como aún no ha llegado la arrolladora victoria de Rivera que los sondeos pronosticaron durante un tiempo.

Previsiblemente, ahora todo será más difícil para Ciudadanos, pero es que la política casi siempre es muy difícil, señores, de la misma forma que está llena de oportunidades que aprovechar y que, con o sin Casado en el PP, seguro que le siguen llegando al partido naranja.

Por otro lado, hay que recordar lo más importante: a mí me da clamorosamente igual el futuro de Ciudadanos, el del PP o el del Sursum Corda Democrático y Social, porque los partidos no son fines en sí mismos: sólo son medios para que nos dotemos de Gobiernos lo menos malos posibles.

Tanto me da que gane las elecciones un partido o que lo haga otro, siempre que defiendan la libertad y que defiendan España, que a día de hoy son lo mismo. Es más, de hecho prefiero tener dos candidatos a los que poder votar que sólo uno: eso significará que la defensa de la libertad y de la nación está más extendida y tiene más posibilidades de victoria. Luego, cuando llegue la hora de la verdad y las urnas, ya decidiré yo según me convenza más un programa u otro o según crea qué aconseja la táctica del momento, porque esto es política, no forofismo futbolero.

Para una parte importante de España, para los que no nos avergonzamos de este país y queremos que siga siendo una nación de ciudadanos libres e iguales, poder elegir entre Rivera y Casado no sólo no es una desgracia sino que es una suerte y una buenísima señal: indica que cada día está más claro que somos más, además de que seguimos siendo mejores.

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