
Ha llegado el día: Zapatero ya es el primer presidente de la democracia que ha sido imputado, además por un precioso trío de delitos entre los que están minucias como el tráfico de influencias y, ya empieza a ser tradición, pertenencia a organización criminal. Además, el blanqueo de capitales ya está calentando y a punto de salir, como se dice hoy en día.
Lamentablemente para él, no será el primero en tener a su mujer y su hermano imputados, ahí sólo puede hacer plata, aunque todo apunta a que también liderará la lista de presidentes con hijas imputadas. Parece que es cuestión de tiempo… y no mucho.
Hay varias vertientes de la noticia que creo que merecen que nos detengamos un poco en cada una de ellas, empezando por la maravilla de ver en qué ha quedado toda esa superioridad moral que Rodríguez Zapatero ha venido restregándonos por la cara desde hace décadas. El tío rescató el guerracivilismo en España y nos hundió en una crisis económica horrorosa; pero además después se fue a Venezuela a apuntalar a la dictadura de Nicolás Maduro, a la que ha prestado servicios destacados que le han agradecido personalmente el propio narcodictador hoy preso y esa Delcy Rodríguez de cuya amistad él mismo presume. Pero mientras tanto, el propio Zapatero y todo el resto del PSOE nos vendían esa imagen como de tipo benévolo, despreocupado por el dinero y con un punto bohemio, ahí inspeccionando nubes en los ratos que le dejaba libres su lucha por los derechos humanos. Hay que joderse, con perdón.
Otro aspecto que no deja de sorprenderme es hasta qué punto están dispuestos a arrastrarse por el fango esos socios que no dejan de apoyar al Gobierno más corrupto de la historia pase lo que pase e incluso después que Andalucía, Castilla y León y Aragón ya les han mostrado el resultado de tanto servilismo.
Y hablando de gente servil, qué decir del periodismo –dicho sea sin ánimo de ofender– de izquierdas: nunca ha habido más corrupción y nunca ha llegado tan alto, pero todos los que se volvían locos por cualquier cosa que saliese de un Ayuntamiento rural del PP ahora no paran de buscar excusas para delitos que vienen por racimos. Eso sí, las excusas cada vez son más cutres.
Pero lo más importante del caso de Zapatero es que el expresidente se forró –presuntamente, claro– pero lo hizo gracias no a su poder sino al de otros: los favores por los que cobraba él en realidad los tenían que aprobar otros, concretamente el Ejecutivo. La corrupción de Zapatero, en suma, sólo podía darse con la corrupción de Sánchez, el Gobierno y el PSOE. Lo bueno es que ya parece, sobre todo después de lo de este martes, que todo acabará sabiéndose.