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Carmelo Jordá

¡Son modelos!

Para eso están las expertas en género: para explicar a las mujeres lo que deben decir, lo que deben hacer e incluso las prendas que deben usar.

Carmelo Jordá
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Carmelo Jordá - ¡Son modelos!
Una de las imágenes de la campaña, | Junta de Andalucía

La prensa socialdemócrata anda haciéndose la escandalizada porque en su campaña contra el maltrato a las mujeres la Junta de Andalucía ha usado modelos y no mujeres maltratadas de verdad. Usar modelos en la publicidad, ¡cáspita!, uno ya no sabe a qué extremos de depravación va a llegar el gobierno andaluz.

Bromas aparte, la capacidad de El País para hacer el ridículo está convirtiéndose en un asunto propio de memes y bromas en redes sociales, pero llegar a 'denunciar' que una campaña publicitaria usa a modelos es uno de los descubrimientos definitivos del "periodismo de datos", ese que tan de moda está y que tan habitualmente olvida el significado de esos datos de cuyo reparto tanto presume.

Alrededor de esta cuestión, la persecución que está sufriendo la Consejería de Igualdad de la Junta nos está sirviendo para entender algunas claves importantes, además del nivel subterráneo al que está llegando el periódico de Prisa.

Por ejemplo, que las feministas de izquierdas y sólo las feministas de izquierdas saben los nombres que una mujer de un pueblo de Andalucía debe ponerle a las cosas. No las palabras que usa, ojo, sino las que debería usar, que para eso están las expertas en género urbanitas con acceso a los medios y las redes sociales: para explicar al resto de mujeres lo que deben decir o no o, lo que deben hacer o no e incluso las prendas que deben usar o no, tal y como hace una atrevida jovencita en un vídeo que ha tenido cierto impacto en Twitter en los últimos días, retando a las mujeres a ir sin sujetador porque lo contrario es "estereotipar el cuerpo femenino" y quitándote la prenda "conectas contigo misma".

Quizá me digan ustedes, queridos lectores, que si estamos hablando de una campaña publicitaria lo importante es que el público objetivo te entienda, es más, algunos podrían incluso pensar que hay que usar un lenguaje que permita empatizar con las personas -en este caso mujeres maltratadas- a las que se quiere hacer llegar el mensaje. Craso error: lo importante es usar las sacrosantas palabras aprobadas por el tribunal de la inquisición de género, no sea cosa que nos desviemos del dogma.

O, por segundo ejemplo, que las cosas ya no son según el color del cristal con que se mira, como dijo el poeta, sino según el color del partido que las haga: lo que estará bien si viene de un tono rojo amoratado será catastrófico si nos llega de azul anaranjado. Y punto.

Así las cosas, lo bueno de todo esto es que quizás las tropas populares y ciudadanas se den cuenta de una vez por todas de que da igual que sigan a la secta en todo a pies juntillas: les van a crucificar sí o sí, porque lo importante no es la protección a las mujeres maltratadas o al colectivo LGTBI, sino hacer de unas y otros banderas políticas con las que machacar a "las tres derechas", como dicen con la boca llena las féminas podemitas. Lo importante, en suma, no es lo que hacen, es lo que son.

Y puesto que hagan lo que hagan van a ir a la hoguera, quién sabe, incluso podrían hacer lo correcto y desmontar esa vergüenza que, por ineficaz y por discriminatoria, es la Ley Contra la Violencia de Género.

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