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Caca, culo, casta política, pedo, pis

El Movimiento 5 Estrellas se encaramó a la mesa de los adultos, hizo lo que suelen hacer las criaturas y se llevó un sopapo monumental.

Cristina Losada
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En política hay estrellas fugaces, como acaba de comprobar la criatura de Beppe Grillo. El Movimiento 5 Estrellas rompió a andar con mucho brío, se encaramó a la mesa de los adultos, hizo lo que suelen hacer las criaturas y se llevó un sopapo monumental. El sopapo se lo han dado los votantes en las elecciones municipales. Sólo tres meses después de unas generales en las que fue el partido (o lo que sea) más votado, la gran sorpresa deviene en gran decepción. Y, de paso, en gran lección para quienes aquí y allí, y sin ir más lejos en España, hablan el mismo lenguaje que los grillistas. Que no son sólo, ni mucho menos, los vástagos del 15-M.

El vaffanculo al podrido sistema, a la corrupta Casta y a todo lo demás resulta atractivo, por aquello de la indignación, cuando quienes lo dicen son como el menor de edad y no tienen arte ni parte en los asuntos de los mayores. Cuando desde fuera gritan y patalean contra todo y contra todos. Seguro que es un buen desahogo. Tal vez es muy divertido estar en el gallinero y lanzar tomates a los actores, clamando que son un desastre y que la obra es una auténtica porquería. Los problemas empiezan en el momento en que los de la bronca suben al escenario y han de bailar. Esa es la situación en que se encontraron los de Grillo.

Los votantes, por las razones o sinrazones que fueran, les dieron la llave de la formación de Gobierno y ellos se negaron a usarla. No quisieron bailar con nadie. Uf, los partidos tradicionales, qué asco, no vamos a pactar con ninguno. Uh, la Casta, no le vamos a dar ninguna oportunidad de seguir mangoneando a su gusto. ¡No con nuestro voto! Bien. El resultado de esa obsesión por no mancharse fue que se mancharon más. Le abrieron la puerta a Berlusconi. Gracias a la puritana abstinencia de los grillistas, el otro payaso de la política italiana pudo volver al Gobierno. No en persona, pero ahí está su partido. Otra vez.

Naturalmente. Negarse a utilizar la llave significa usarla. No mojarse es mojarse. Esas cosas están en el abecé de la política. Pero, claro, esta criatura está contra la política y los políticos, y cree que puede inventarla e inventarlos. En su adanismo, ignora que la política, que es en lo que se ha metido, consiste la mayor parte del tiempo en elegir entre dos males. Su elección fue no elegir, y de ese modo ya eligieron. Y eligieron mal. Así se lo acaban de comunicar los votantes con un estacazo.

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