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Cristina Losada

Dejad que los niños

Las unanimidades políticas suelen gustar. Pero hay buenos motivos para ponerlas en cuarentena antes de pasar a la celebración.

Cristina Losada
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Las unanimidades políticas suelen gustar. Pero hay buenos motivos para ponerlas en cuarentena antes de pasar a la celebración.
Tres niños atienden al discurso de Don Felipe sobre la crisis del cornavirus | EFE

Las unanimidades políticas suelen gustar. Pero hay buenos motivos para ponerlas en cuarentena antes de pasar a la celebración. En el espejo roto de la política acaba de reflejarse una curiosa unanimidad: todos celebran que se deje salir a los niños del confinamiento a partir del próximo día 26. Casi todos: hay excepciones. Contadas. Domina claramente el aplauso. Lo aplauden políticos en posiciones tan distantes como la alcaldesa de Barcelona y el vicepresidente de Madrid. Aunque con diferencias. Colau cree que los niños deben salir por una "cuestión de derechos de la infancia". La cuestión de si esa salida conlleva o no riesgos de transmisión del virus le debe de parecer secundaria. Claro que también le pareció una "injusticia" la decisión de cancelar el World Mobile Congress cuando ya había señales claras de la extensión de la epidemia en varios países asiáticos y casos de contagio en muchos otros.

El alivio del confinamiento para los niños lo aplaude el presidente socialista de Aragón, que fue el primero que lo pidió. Lambán planteó que se les dejara "pasear", actividad que es más propia de adultos que de niños, pero de un modo o de otro su petición ha sido atendida. Y como el líder del PP y alguno de sus barones autonómicos se han pronunciado igualmente en favor de los paseos infantiles, tenemos la preciada unanimidad: un amplio consenso político sobre lo conveniente y apropiado de aligerar el encierro de los más pequeños. Aquello que no tenemos, en cambio, son los informes técnicos y científicos en los que se ha basado esa decisión del Gobierno. Tampoco disponemos de los argumentos técnicos o científicos que han barajado, para pedirla, los distintos líderes y presidentes autonómicos favorables. ¿Será que no los tenían?

Es muy posible que levantar en parte el confinamiento de los niños no conlleve ningún riesgo y tenga efectos beneficiosos. Pero habrá que sustentarlo, al menos, en estimaciones. Habrá que explicar por qué la salida de los niños es aceptable y no lo es la de adultos que necesiten un poco de ejercicio al aire libre por motivos de salud o para aliviar la tensión que provoca el encierro. Más aún cuando apenas se sabe nada sobre los niños en relación a este coronavirus. Su exposición al contagio, su riesgo de enfermar gravemente, su grado de protección frente al virus, todo eso está en estudio. La ciencia está tratando de responder a esas preguntas. Pero todavía no tiene las respuestas. La mayoría de nuestros políticos, sin embargo, ya tiene una: que salgan. Explicaciones, ninguna. Salen, digamos, por petición popular. ¿Va a ser así como se van a quitar o poner restricciones?

La sospecha de que manda la necesidad estrictamente política y puramente coyuntural se acrecienta a la vista de posiciones como la del Gobierno catalán. Posición es mucho decir; son bandazos. El mismo Gobierno catalán que se opuso indignado al parcial regreso al trabajo el lunes, 13 de abril, diciendo que era peligrosísimo, exigió pocos días después que se aligerara el confinamiento de los niños. Y lo hizo a su manera: amenazando con autorizarlo al margen y en contra de lo que hiciera el Gobierno central. La inconsistencia es palmaria. No hay forma de tomarlos en serio. Su objetivo sigue siendo confrontar con Madrit. Dicen ahora que si Cataluña fuera independiente habría decretado el confinamiento quince días antes. Esto es: el 29 de febrero, cuando el separatismo estaba de orgía en Perpiñán con el prófugo Puigdemont. Contagiándose, probablemente.

El levantamiento de restricciones, igual que su adopción, no puede ser caprichoso ni arbitrario. No puede estar determinado por presiones políticas variables ni por las encuestas de opinión. Para evitar esa tentación, y para que los ciudadanos puedan ajustar sus expectativas, el Gobierno tiene hacer público cuanto antes un plan que establezca y feche, de forma flexible, las fases en las que se irán retirando las limitaciones actuales.

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