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Cristina Losada

El adanismo de las evas

No por azar el populismo en política fue precedido por el populismo mediático.

Cristina Losada
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No por azar el populismo en política fue precedido por el populismo mediático.
Telecinco.es

Un showman de la tele ha invitado a todos los violadores del mundo a venir a España de vacaciones, porque este es el país donde, según él, no corren riesgos. Era un efecto llamada vinculado a la decisión de la Audiencia de Navarra de poner en libertad provisional con fianza a los cinco del grupo La Manada, condenados por abusos sexuales con prevalimiento. La llamada del showman era puro efecto, es decir, efectista. Es de esperar que nadie la haya entendido literalmente como una invitación, malentendido habitual en el tiempo rápido de Twitter.

Diría también que confío en que nadie le pregunte dónde están sus denuncias sobre la puesta en libertad plena, no provisional, de un surtido de los peores violadores al derogarse la Doctrina Parot, en 2013. Lo diría si no se lo hubieran preguntado ya los espontáneos, que recordaron que cuatro de los violadores liberados volvieron a reincidir. Dos fueron nuevamente detenidos en 2014, uno en 2015 y otro en 2017. No hace tanto. Al último se le había condenado por dos asesinatos y dieciocho agresiones sexuales. El showman no menciona para nada esos casos y es una lástima. Porque dan la razón a su denuncia de que se subestima la reincidencia. Pero la puesta en libertad de violadores por la derogación de la Doctrina Parot fue a raíz de una sentencia de Estrasburgo que benefició sobre todo a presos de ETA, y este tipo de desmanes judiciales y gubernamentales sólo molestan a determinada gente y nunca a otra.

El escándalo toca cuando toca. Saber cuándo toca y cuándo no es la habilidad que distingue al showman y a la show-woman del periodista. A fin de cuentas, el propósito del espectáculo es ganar audiencia y dinero. Y la competencia es feroz. No por azar el populismo en política fue precedido por el populismo mediático. El mensaje del showman pintando a España como paraíso de los violadores es falso y demagógico, pero no hace otra cosa que seguir la corriente, como se suele hacer en el negocio en que se desempeña. En realidad no ha hecho más que condensar de forma sensacionalista lo que está predicando el feminismo radical y oficial: España, para las mujeres, es lo peor.

He visto a mujeres, como a la periodista Berta González de Vega este domingo en el programa de aquel showman, exponiendo que no vivimos en el peor de los mundos, y topándose con la censura. La censura de interlocutoras instaladas en el cuanto peor, mejor para nosotras que reprueban a quien contradiga su visión apocalíptica y la censura de la edición, que reduce al mínimo la voz de las discordantes. Decir que en España no hay un violador en cada esquina ni un maltratador y un asesino de mujeres en cada hombre hoy es anatema. Y si tienes la osadía de ofrecer datos que lo demuestran incurres en menosprecio del sufrimiento de las violadas, maltratadas y asesinadas.

A las firmantes del manifiesto No nacemos víctimas, donde se decía que "la situación de las mujeres en España, según todas las estadísticas de organismos internacionales, es de las mejores del mundo, sin que ello signifique que no pueda mejorar", nos llamaron de todo cuando la huelga feminista del 8-M. Lo más bonito que nos dijeron fue que éramos "abejas reinas", incapaces de empatizar con lo que sufren mujeres menos afortunadas. Para el feminismo radical del 8-M y de las protestas contra la sentencia de La Manada, la situación de las mujeres en España es pavorosa y espeluznante y no ha habido ninguna mejora en la igualdad que merezca reseñarse y reconocerse. Nada. Estamos como nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas o peor. Dónde va a parar.

Esta parte adanista del evangelio del feminismo oficial es la que más me subleva. No sólo significa un desprecio por la verdad. Es un desprecio a las mujeres y los hombres españoles de todos los ámbitos sociales que protagonizaron los avances que se han dado. Es un desprecio a nuestras madres y a nuestros padres. A los que nos animaron a estudiar y a trabajar, y a ser independientes y libres. A los que nunca nos dijeron que el único propósito en la vida de una mujer era casarse y criar hijos. Y es un desprecio a todas las mujeres que nos precedieron, que desafiaron las convenciones y que lucharon por la igualdad de derechos y deberes.

Con todos esos desprecios –el fundamental es el desprecio a la verdad– es como se vende un discurso apocalíptico sobre la situación de la mujer en España. Es buen negocio para algunos y lo será para otros. La regla de oro de los lobbies reivindicativos es hacer creer que el problema del que se ocupan es el más grave de todos para conseguir recursos. No interesa reconocer la realidad, por más que esa sea la única manera de mejorarla. Y luego, a falta de política, está la ideología.

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