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Cristina Losada

El “infiltrado” del PP en el Constitucional

El procedimiento de elección de miembros del TC es, naturalmente, discutible, y muy similar al que se utiliza en Alemania.

Cristina Losada
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El procedimiento de elección de miembros del TC es, naturalmente, discutible, y muy similar al que se utiliza en Alemania.

El catedrático Pérez de los Cobos, actual presidente del Tribunal Constitucional, abonó la cuota de afiliado del PP entre 2008 y 2011, año en que tomó posesión como magistrado del TC. Esos 37,15 euros mensuales son una cantidad modesta si a eso vamos, pero demostrarían, según el diario El País, que el mentado vendió o compró su alma al diablo. Es decir, que Pérez de los Cobos es un peligroso infiltrado del Partido Popular en la alta institución y presenta la característica propia del infiltrado: cuando compareció en el Senado ocultó deliberadamente –no podía ser de otra manera– que durante tres largos años fue afiliado del PP y pagó las treinta monedas que le han delatado.

Es sabido, salvo en el diario El País, que el TC no forma parte del poder judicial, aunque su nombre induzca a confusión y facilite la confusión interesada. Por ello, la norma que impide a los jueces pertenecer a partidos políticos, no se aplica a los miembros del TC, que únicamente tienen vetado estar en cargos directivos en los partidos o sindicatos. También es sabido –o lo era– que los magistrados del Constitucional son elegidos por el Senado y el Congreso a propuesta de los partidos políticos. Y es notorio que los partidos han nombrado muchas veces a personas, que sin tener el carné, es como si lo tuvieran. Si es por infiltrados, ¡aún son más infiltrados ésos! Hasta podemos decir que, en cierto modo, todos los miembros del TC son infiltrados de un partido o de otro.

El procedimiento de elección de miembros del TC es, naturalmente, discutible. Es muy similar al que se utiliza en Alemania, donde, por cierto, ha habido magistrados del Bundesverfassungsgericht con sede en Karlsruhe que eran afiliados de partidos. No se trata, por tanto, de ninguna anomalía española esto de que los miembros del TC sean nominados por los partidos y puedan pertenecer a una formación política. Cosa distinta es que los partidos, en su desmedido afán por controlar, elijan a juristas que no sólo se identifiquen con su ideología, sino que también se sometan a sus estrategias.

El escándalo que ha querido montar El País a cuenta de la afiliación de Pérez de Cobos tiene mucho que ver, justamente, con el control del TC. Desde las páginas de ese diario se viene manifestando una gran inquietud por el cambio de mayoría en el Constitucional. Por el hecho de que el TC haya dejado de estar, vaya por Dios, controlado por los progresistas. Así dicho, parecería que los magistrados progresistas vienen de un aséptico laboratorio que garantiza que son ajenos a la contaminación política.

Pues no. Los magistrados progresistas son los nombrados a propuesta del Partido Socialista. Y del mismo modo que hay un Xiol que fue director general con un gobierno socialista, hay un Ollero que fue diputado del Partido Popular. O una Adela Asua a la que en el diario El País no recusaron por ser, según la nota que le dedicaron a su nombramiento como vicepresidenta del TC, de "talante progresista" y "favorable al nacionalismo moderado". Pero, claro, Pérez de los Cobos no tiene esas virtudes.

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