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Cristina Losada

Ganó la izquierda: que gobierne

Una cosa es que los electores no sean responsables de todo lo que hagan los partidos a los que votan, y otra convertirlos en irresponsables. No podemos empezar por privar a su voto de los efectos que querían que tuviera.

Cristina Losada
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Pedro Sánchez con Pablo Iglesias | Cordon Press

Hay gente sensata que quiere librarnos de las consecuencias de lo que votamos. En nombre de de la moderación, de la estabilidad, de la salud de la economía y de importantes asuntos de Estado, piden que el ganador de las elecciones pacte con Ciudadanos la formación de Gobierno. Se han pronunciado en ese sentido varias organizaciones empresariales, diciendo que se sentirían cómodos con un Gobierno de centroizquierda, y que éste permitiría afrontar mejor la desaceleración económica. Son buenos argumentos, aunque vengan de los empresarios, y digo esto porque en España no gusta que exhiban sus preferencias políticas. Y son inmejorables las intenciones de los que piden ese pacto para evitar cualquier dependencia del nacionalismo separatista. Pero siendo buenos los argumentos, la posición de los sensatos es un error. Cargados de razones, se hunden.

En otras circunstancias, con parecidos resultados electorales, se justificaría un Gobierno en el que pudieran reconocerse votantes de distinto signo, uno que reuniera a parte de la izquierda y parte de la derecha. Pero esas circunstancias no se dan, es decir, no se dieron. Todos estos meses previos a las elecciones, el partido ganador dejó claro que la cuestión en juego era frenar a las derechas, evitar que gobernaran. El guión se puede tachar de demagógico o falso, y consignarlo en la papelera como tanta bazofia sólo útil para las campañas. Sin embargo, ese relato, que ponía la marca ideológica por encima de todas las cosas, fue el ganador del concurso. Fue el imán que atrajo el voto hacia el Partido Socialista. ¿Cómo va a gobernar ahora con aquella derecha a la que se tenía que impedir la llegada al Gobierno?

No hay medias tintas que valgan. En el oscuro saco de las derechas, los socialistas incluían expresamente a Ciudadanos. Sería muy desvergonzado que ahora lo sacaran del saco para meterlo en el Gobierno. Es verdad que en política se han visto cosas increíbles cerca de la puerta de Tannhäuser, y que no será Sánchez el que se niegue a desmentirse a sí mismo a pesar de aquel "no" sostenido. Pero si esta elección era una batalla decisiva y agónica contra la amenaza de la derecha, y la ganó la izquierda, ¿no es lógico que gobierne? Lo ilógico es quitar a los votantes de la izquierda el sentido de su voto, que era el de parar a las tres derechas. Tres, eran tres. Juntas y por separado.

Corregir el sentido del voto ganador mediante un Gobierno más centrista, más moderado y menos radical es contraproducente. No sólo enmienda la voluntad que la mayoría expresó en las urnas. Es que hurta la responsabilidad. Una cosa es que los electores no sean responsables de todo lo que hagan los partidos a los que votan, y otra convertirlos en irresponsables. No podemos empezar por privar a su voto de los efectos que querían que tuviera. ¿Que esos efectos van a ser malos para el país? ¿Que conviene amortiguarlos? Tal vez, pero ya somos mayorcitos y sabemos qué votamos. Y si no lo sabemos, habrá que saberlo.

El Gobierno que traduce del modo más literal el sentido del voto ganador es un Gobierno de izquierdas. Más aún, es un Gobierno de socialistas y podemitas. PSOE no querrá compartir, puro egoísmo, pero debe plegarse a la voluntad popular, que tanto ha contribuido a forjar. Eso de que Podemos, como ha perdido votos, no está facultado para entrar en el Consejo de Ministros es una artimaña de tercera. Un PSOE gobernando en solitario con 123 diputados es un PSOE que querrá aunarse con las derechas en algunas cosas y con las izquierdas en otras, y esa no es la pureza ideológica desde la que pidió el voto. Muchos de los temerosos que nos quieren salvar de las consecuencias de lo que votamos pretenden arreglar a posteriori lo que no hicieron nada por evitar. Olvídenlo. Ganó la izquierda: que gobierne la izquierda. Sin lenitivos ni calmantes. Con el apoyo de los nacionalistas que sean necesarios. Y un buen Ministerio de la Plurinacionalidad.

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