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Cristina Losada

Huelga ma non troppo

Las centrales mayoritarias, que gozan de sobrepeso institucional y sufren raquitismo de base, perdieron legitimidad al respaldar la política de cheques sin fondos del presidente, mientras millones de personas se quedaban sin trabajo.

Cristina Losada
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Lo malo de un éxito es que define los fracasos. Aunque ha llovido desde entonces, la referencia de cualquier huelga general en España es todavía el 14 de diciembre de 1988. Y aquella jornada, que se inauguró con la impactante pantalla en negro de los televisores, se ha demostrado irrepetible. Decía Churchill que el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, pero hasta ese ímpetu faltaba a Méndez y a Toxo cuando anunciaron su gran triunfo. El dato objetivo disponible indica que su protesta tuvo un seguimiento aún menor que la anterior, convocada en teoría contra una mini-reforma laboral y, en realidad, contra el Gobierno Aznar. Pero la medición es casi irrelevante. El efecto persuasor que ejercen los piquetes por anticipado asegura siempre un cierre preventivo de establecimientos poco inclinados a recibir la visita informativa de unos matasietes con pegatinas.

Gracias al incívico estilo que gastan y a sus largos años como escoltas del Gobierno, los dos sindicatos no han conseguido capitalizar el descontento social y han atraído la indignación hacia ellos. La indignación ciudadana es un elemento muy inestable, pero no está exenta de racionalidad. Las centrales mayoritarias, que gozan de sobrepeso institucional y sufren raquitismo de base, perdieron legitimidad al respaldar la política de cheques sin fondos del presidente, mientras millones de personas se quedaban sin trabajo. Acompañaron y aplaudieron una huida de la realidad que beneficiaba al partido en el Gobierno, pero perjudicaba a España, abocándola a un ajuste más duro. Hoy claman sólo por la vuelta atrás, a los buenos tiempos de la campa de Rodiezmo y la retórica sosiá engrasada con dinero público.

Como estaba escrito, el Gobierno ha elogiado la conducta de los convocantes y ha colgado el cartel de "la normalidad", mientras en la calle hervían los incidentes. A fin de cuentas, se trata de los suyos. Pero la separación, que no el divorcio –ni tampoco el adulterio–, es un hecho. Nicolás Redondo lo resumía así: Zapatero ya no representa a la izquierda. Toxo insiste en la tesis del suicidio. Un punto que llama a la nostalgia. ¡Se vivía mejor contra el PP! En la huelga del 2002, el dirigente socialista acudía a la manifestación sindical, que abrió el pasacalle en dirección a Moncloa. Ahora, el presidente está a ambos lados de las barricadas.

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