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Cristina Losada

Iglesias y el daño causado

Las reglas del juego sólo gustan a Iglesias cuando le favorecen. Cuando le perjudican, las denuncia.

Cristina Losada
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Las reglas del juego sólo gustan a Iglesias cuando le favorecen. Cuando le perjudican, las denuncia.
EFE

Me ha parecido oír al vicepresidente Iglesias preguntar quién va a reparar el daño causado por meses de portadas y tertulias sobre un caso, el caso Dina, que, según dice, no existe. La suya es una pregunta retórica, y si de retórica vamos, la pregunta que hay que hacer es dónde ha estado Iglesias durante la última media docena de años. Porque las portadas y las tertulias sobre casos judiciales que salpican a este o aquel partido han sido una constante en nuestro país. Y cuando el caso finalmente no se sustanciaba, ahí quedaban la mancha indeleble y el daño sin que a Podemos le preocupara ni poco ni mucho. Cómo le iba a preocupar, si a la tendencia a la culpabilización por anticipado contribuyó como el que más un partido como el suyo.

¿O ha tenido Podemos el cuidado exquisito de no dar por ciertas las acusaciones contra políticos y partidos rivales hasta que no quedara resuelto el asunto en los tribunales? Claro que no. El partido Podemos, aunque ahora lo hayan olvidado hasta ellos mismos, iba de látigo de la corrupción, y desde esa condición y con la más desorejada demagogia cargó contra todo y contra todos los implicados en investigaciones judiciales, siempre que fueran del enemigo político. ¿Cuándo ha respetado Podemos la presunción de inocencia de imputados de otras siglas? Es otra pregunta retórica.

Se hace hoy la víctima del despliegue mediático ante posibles conductas delictivas de los políticos quien ha sido uno de los más entusiastas practicantes de esta modalidad del primero dispara, luego pregunta. O del calumnia que algo queda. Protesta de que se haya montado un “escándalo mediático” sobre el caso Dina, uno de los especialistas en la materia. Por más que quiera colar que están en guerra contra él los medios de comunicación –“los de Madrid”, ha dicho en Barcelona, refiriéndose a una entrevista que le causó problemas–, no puede hacer olvidar el favoritismo mediático del que disfrutó. Cierto: todo lo que no sea favoritismo lo entiende Iglesias como una ruptura de hostilidades.

Las reglas del juego sólo gustan a Iglesias cuando le favorecen. Cuando le perjudican, las denuncia. Se queja incluso de que la petición de investigarle por distintos delitos ocupara portadas y, en cambio, tenga menor relevancia en la prensa la decisión del Supremo de devolver al juez las actuaciones. Mejor póngase a la cola de las reclamaciones. Eso mismo les ha pasado a otros muchos antes. En cuanto al daño, no hay reparación para el que han causado las toneladas de demagogia vertidas por Podemos, a propósito de actuaciones judiciales contra otros partidos, desde su entrada en la arena política.

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