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Cristina Losada

Incultura de pactos

¿Cómo se puede hablar de falta de "cultura de pactos" en un país que entronizó el consenso? A ver si lo que falta es conocimiento de la historia política española.

Cristina Losada
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Cristina Losada - Incultura de pactos
Protagonistas de los Pactos de la Moncloa | EFE

El fracaso de la investidura ha abierto unas segundas rebajas donde la mercancía en oferta es el cliché político. Por ceñirnos a lo cronológico, el primer grupo de clichés, tres en uno, lo vendió el diputado Rufián desde la tribuna, el mismo día del fiasco. Su réquiem por una Izquierda incapaz de ponerse de acuerdo mientras la Derecha aplaude con las orejas encontró compradores emocionados. O ya habían olvidado que ERC ayudó alegremente a tumbar al Gobierno de Sánchez al votar en contra de sus Presupuestos o, como es más probable, los hechos no les importan nada. Luego se sorprenden de que los estafen.

La segunda remesa de clichés es más pretenciosa. Atribuye la falta de acuerdo entre el PSOE y Podemos a que no tenemos, en España, "cultura de pactos". Es un cliché muy fácil de vender a los consumidores de deficiencias españolas históricas. Todos los que creen, y no son pocos, que los españoles arrastramos carencias de cultura política desde el Big Bang se abonan enseguida a la explicación que afirme la existencia de rasgos culturales defectuosos, anómalos e inmanentes.

De nuevo, los hechos no importan. Hay un largo historial de pactos entre partidos para gobernar en comunidades autónomas y municipios. Lo hay, más breve, de pactos para completar mayorías parlamentarias a fin de formar Gobiernos de la nación. Al margen de la valoración que merezcan los pactos que se han hecho y los que se están haciendo, el hecho indiscutible es que han existido. ¿Qué más hace falta para demostrar que hay cultura de pactos de sobra? ¿Que hubiera cuajado la coalición del PSOE y Podemos? Ah, pero es que una coalición entre esos dos tipos de partidos, para un Gobierno nacional, es sumamente rara en Europa, por no decir, inexistente. ¿Dirán por ello los del cliché que tampoco tienen "cultura de pactos" en el resto de las democracias europeas?

Lo más significativo de estas apelaciones a una incapacidad congénita para los pactos no es sólo que hacen caso omiso de la realidad de los pactos existentes. Es que también hacen caso omiso de la leyenda del consenso. No digo leyenda con ánimo peyorativo, sino para condensar el modo en que nos contamos la historia, el poso que dejan acontecimientos cruciales, la manera en que se forma y transmite una tradición política. Transición y consenso representaron, durante mucho tiempo, el éxito político español. El mayor y el más difícil.

Fue una obra tan aclamada, y justamente aclamada, que terminó por sacralizarse en exceso.

La tradición del consenso, aunque desvalorizada, ha persistido a modo de norma de conducta ejemplar a la que hay que intentar acercarse en asuntos fundamentales. De hecho, sirvió de referente para aprobar la aplicación del artículo 155 en Cataluña. ¿Cómo se puede hablar de falta de "cultura de pactos" en un país que entronizó el consenso? A ver si lo que falta no es tradición de pactos, sino conocimiento de la historia política española. Hasta de la más reciente.

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