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Cristina Losada

La declaración soberanista y el fin de la inocencia

Ah, el problema de los socialistas con España. No saben si mantenerla para gobernarla o romperla para poder gobernar.

Cristina Losada
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Durante un tiempo se descansó en la idea de que los nacionalistas no harían causa de convocar un referéndum si pensaban que lo iban a perder. Esto concedía el alivio de un margen: mientras no estén seguros de ganarlo, no lo plantearán. Así se iba tirando, a la vez que se engrasaba el precario equilibrio con las concesiones que fuera menester. Hasta que no quedó nada por ceder excepto soberanía, cosa que intentó Zapatero con el nuevo Estatuto catalán y recortó el TC con sus tijeras de manicura. Bien. Cualquiera que fuese el sustento de aquella ilusión, mantenerla es imposible a día de hoy. El nacionalismo catalán ha redefinido las prioridades de tal manera que lo importante no es perder o ganar un referéndum –que sería, claro, ilegal–, sino el hecho de prepararlo y convocarlo si se tercia.

Como la tentación vive arriba, al Gobierno de España le tienta desdeñar, por la ausencia de efectos jurídicos, la declaración del Parlamento catalán que aprueba el derecho de autodeterminación con el eufemismo del "derecho a decidir", tras proclamar que "el pueblo de Cataluña" es un "sujeto político y jurídico soberano", porque yo lo digo. Sin embargo, los 85 diputados no aprobaron que la tierra es plana ni cualquier otra moción susceptible de tomarse a chufla, pero políticamente fútil. Pese a un preámbulo de cierta comicidad, que conduce de la Edad Media a la sentencia 31/2010 del TC pasando por Felipe V, esa declaración contraria a la legalidad es un triunfo político en manos del separatismo. Lo es, sea quien sea el que recoja los frutos: CiU o Esquerra, con mayor probabilidad. Desde luego, de los críticos de Unió, tan cortejados, tan deseados, tan moderados, nunca más se supo.

El caso del PSC es mucho más triste. Quiere estar en todos los sitios a la vez: en el derecho a decidir, en la ley y en el federalismo, que son tres opciones perfectamente incompatibles, y ayer salió del paso con quince noes y cinco síes disfrazados de no sabe, no contesta. Pero se trata de una incompatibilidad con la que el PSC convive desde el principio. Aunque son pocos los que lo recuerdan, cuando se discutía la Constitución y un diputado vasco propuso incluir el derecho de autodeterminación, los del PSC se ausentaron para evitar pronunciarse. Su portavoz, Martín Toval, explicó después a la prensa: "Si el derecho de autodeterminación se ejercitara, en su momento, para remodelar la forma de Estado y convertir éste en un Estado federal, nosotros no objetaremos nada". No es de ahora que el PSC y, a fin de cuentas, el PSOE intenten la cuadratura del círculo. Ah, su problema con España. No saben si mantenerla para gobernarla o romperla para poder gobernar.

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