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Cristina Losada

Las cuentas de la lechera de Sánchez con Esquerra

Alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes.

Cristina Losada
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Alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes.
Pedro Sánchez y Salvador Illa en Gerona | EFE

El PSOE está contento. ¿Por qué estará contento el PSOE? Me lo preguntaba mientras leía su reacción oficial a los resultados de las catalanas. Había que leer dos veces el comunicado emitido tras la Ejecutiva para asegurarse de que la nota era del PSOE y no de la Esquerra. Tantos eran los elogios al partido de Junqueras que allí se vertían que a cualquiera le podía entrar la duda. Cierto que ponían las virtudes de la Esquerra a la par de las del PSC, pero era una curiosa y posiblemente inédita celebración. Que un partido celebre los resultados propios y, al tiempo, los de otro partido con el que rivalizaba en la contienda electoral es toda una rareza. Y se explica, sí, por motivos raros.

El partido de Sánchez tiene incentivos para darle jabón a la Esquerra. De entrada, la necesita para mantenerse en el Gobierno de España, como es público y notorio. Los socialistas ya practicaron el halago cuando obtuvieron el plácet de ERC a la investidura. Entonces cayeron en la cuenta de que era de la familia, de la gran familia de izquierdas, y por eso resultaba de lo más natural juntarse con un partido cuya seña de identidad ha sido y es el separatismo. Esto decían los socialistas. Lo que dicen ahora es que Esquerra y el PSC son los más guays, porque son “dos partidos con raíces” que, cada uno a su modo, “abogan por el diálogo”. El resto, ya se sabe, desarraigados. Bien. Constatemos que, como primera señal dialogante, la Esquerra quiere impedir que Salvador Illa se presente a la investidura. Pero, oye, que no decaiga la fiesta en el PSOE. 

La cúpula socialista está contenta porque el PSC ha tenido los mismos escaños que ERC y  ERC ha tenido un escaño más que la marca de Puigdemont. ¡Un escaño más! ¡Tremenda diferencia! Como, obviamente, no es una diferencia tremenda, lo que indica esta pequeña ventaja es que los de Junqueras no tienen margen para independizarse del tronado que está en Bruselas. Eso, siempre que ERC quisiera esa independencia; la otra, ya sabemos que sí. La expectativa de un retroceso notable de su rival separatista no se ha cumplido. Lo que augura el resultado es que la Esquerra estará igual de pegada o más a los de Puigdemont que antes. Los socialistas dicen que las urnas han recompensado el pactismo de ERC. ¿Cómo? ¿Con un escaño más que en 2017 y un porcentaje de voto un poquito inferior que el de entonces? A cualquier cosa le llaman recompensa. Vale: que la realidad no te estropee la buena noticia.

Hay otra buena noticia para el socialismo, aparte de la muy apretada victoria de Illa y la pequeña ventaja de ERC. Al menos, por lo que dice la Ejecutiva. Esa buena noticia es que la derecha –salvo Vox, ciertamente– se lleva un buen varapalo. Para el PSOE, la gran satisfacción es que se descalabre Ciudadanos y el PP siga en la insignificancia. Alegría, alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes. La prensa amiga dice que a Sánchez le salió casi todo bien. Impresionante. 

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