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Cristina Losada

Los referéndums y el populismo

El sentir que ha inclinado esta votación en Suiza tiene semejanzas con el sentir del independentismo catalán: es un sentir que conduce a encerrarse.

Cristina Losada
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Estos años han crecido en España los admiradores de la democracia directa que se practica en Suiza. Su crecimiento ha sido notable entre los detractores de la democracia representativa, que han hecho suyo el "No nos representan" del 15-M, y también entre los separatistas de Cataluña, que elevan el referéndum a fórmula democrática por excelencia. Para unos y otros es modélico y ejemplar que en Suiza puedan convocarse referendos sobre prácticamente cualquier cosa mediante el muy accesible trámite de reunir cierto número de firmas. Es más, todo reparo que se le ponga a ese sistema lo rebaten estos fans de la consulta permanente acusando al objetor de tener miedo al sabio pronunciamiento del pueblo. Le echan en cara, en fin, no ser genuina y suficientemente demócrata.

El problema, claro, es que los suizos no siempre votan en sus referendos en concordancia con los gustos de esos partidarios de la democracia directa ni con los dictados de los mandarines de la corrección política. Entonces, ay, viene la marcha atrás. No se celebra la expresión directa y sin intermediarios de la voluntad popular, sino que se lamenta y critica mucho la torpe decisión del pueblo. Es exactamente lo que acaba de ocurrir tras un referéndum que ha resultado favorable a imponer de nuevo en Suiza cuotas de entrada de ciudadanos de la UE y acabar así con la libre circulación que regía desde hace una década.

Basta leer, al respecto, cómo ha recibido nuestra prensa socialdemócrata y progresista el resultado de la consulta suiza. No sólo lo deplora, que lo hace muy sentidamente, sino que también lo achaca a un contagio del populismo y la xenofobia que recorren Europa, y ahí se queda tan contenta. Tan contenta porque así se ahorra explorar la relación entre el resultado y el procedimiento, es decir, entre el populismo y el referéndum, y elude hablar del riesgo de que el referéndum, convertido en vía legislativa habitual, instale la tiranía de la mayoría. Un proyecto de ley que en un parlamento sería objeto de debate y reforma difícilmente podrá modificarse si es aprobado en referéndum, salvo que vulnere la legalidad constitucional. Es la fórmula ideal para los contrarios a compromisos y componendas.

Hay otro gran ausente en la interpretación que se ha hecho de la consulta suiza en España, y es el asunto catalán. Merece estar presente, sin embargo, porque el sentir que ha inclinado esta votación en Suiza tiene semejanzas con el sentir del independentismo catalán: es un sentir que conduce a encerrarse. Los suizos quieren cerrar sus fronteras, y el nacionalismo catalán quiere trazarlas. Los dos casos se diferencian en muchas cosas, ninguna de ellas favorable al separatismo. Pero ambos son un caso de populismo puro y duro.

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