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Cristina Losada

Podemos, sector naval

En el mapa podemita, Arabia Saudí es una "teocracia asesina" e Irán, un país amigo con el que hacer geopolítica de izquierdas.

Cristina Losada
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En el mapa podemita, Arabia Saudí es una "teocracia asesina" e Irán, un país amigo con el que hacer geopolítica de izquierdas.
El Kichi | EFE

Es maravillosa la preocupación del partido Podemos por la violación de los derechos humanos en Arabia Saudí. Es asombrosa la vehemencia con la que piden represalias contra los saudíes por el asesinato de Jamal Khashoggi, un prominente periodista que antaño tuvo excelentes relaciones con los teócratas y fue asesor del Gobierno, pero luego se transformó en un disidente incómodo y salió del país. No sabemos todavía, tal vez no sepamos nunca, cómo murió en el consulado saudí de Estambul. En cambio, está dentro de nuestras posibilidades explicar la hiperbólica reacción podemita al suceso.

El interés de Podemos por el respeto a los derechos humanos en las teocracias islámicas es muy selectivo. A la saudí la llaman "teocracia asesina". Así lo dijo Echenique. Obviamente, no dirán lo mismo de la iraní, en cuyo canal de televisión para España y Sudamérica hacen los podemitas sus programas de variedades sin que los derechos humanos se interpongan. Esta aparente contradicción se la explicó a los panolis el propio Iglesias en sesión pedagógica célebre. "La geopolítica es así", les dijo. Ni más ni menos. "No vamos a ser los únicos imbéciles que no hagamos política cuando todo el mundo la hace". Y para deslumbrar a los neófitos puso el ejemplo del "tren precintado" que los alemanes facilitaron a Lenin para llegar de Zurich a Rusia y desestabilizarla en plena guerra mundial (la primera).

El tren precintado ahora es la caja tonta. La caja es de los ayatolás. Los ayatolás son enemigos de los saudíes. Por eso, en el mapa podemita, Arabia Saudí es una "teocracia asesina" e Irán, un país amigo con el que hacer geopolítica de izquierdas. ¿Y Turquía? Bueno, la Turquía de Erdogan no es del todo amiga de los iraníes, pero sí que es del todo enemiga de los saudíes. De ahí que Erdogan esté denunciando a muerte –valga la redundancia– el asesinato del periodista saudí, cuando tiene a 68 periodistas condenados, 169 detenidos y 148 en busca y captura. Son los datos a 17 de octubre del Stockholm Center for Freedom. Los periodistas y la libertad de prensa le importan a Erdogan lo mismo que a los saudíes y a los iraníes. Aproximadamente lo mismo que a Iglesias.

La geopolítica de la caja tonta no lo explica todo. Vayamos a la Bahía de Cádiz. Iglesias propone revocar el contrato con los saudíes para venderles bombas y cinco corbetas. Las bombas nos dijo Borrell que eran de precisión y no causaban daños a inocentes. Pero las corbetas no cuelan. Las corbetas las va a hacer Navantia, una empresa pública que, como todo el naval, anda ayuna de contratos y se puede ir al garete si pierde éste. Son seis mil puestos de trabajo. En una zona donde abunda el desempleo. El contrato garantiza la viabilidad de Navantia durante cinco años. ¿Y Pablo Iglesias quiere romperlo en nombre de unos derechos humanos que le traen al pairo?

Su insistencia en cancelar el contrato cuando el Gobierno de Sánchez ya ha dicho que lo mantendrá es significativa. A ver si estamos ante una movida geopolítica más cercana. Su posición deja a los pies de los caballos a su líder en Andalucía y a su alcalde en Cádiz. ¿Con qué cara van a decirles a los trabajadores de Navantia y la industria auxiliar que se queden sin trabajo? Cierto, con la cara suficiente para proponer que las corbetas las paguemos entre todos los españoles. Pero sospecho que esto no entusiasma al comité de empresa. Además, queridos niños, ¿no decís siempre que hay que reducir el presupuesto de Defensa?

Iglesias quiere liquidar a Teresa y al Kichi, los dos figuras que sacaron un comunicado criticando al jefe por el chalet de Galapagar. Esto yo lo veo claro, y si fuera ellos pasaría al contraataque. Inviten a Pablo para que les cuente en vivo y en directo a los trabajadores de Navantia lo de los derechos humanos y el tren precintado. La última vez que vi a los del naval en acción, hará ocho años en Vigo, lanzaban unos tornillos y tuercas de tamaño sideral, y hasta martillos neumáticos. Vaya y vaya con casco. La geopolítica tiene mucho peligro.

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