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Cristina Losada

¿Quién ordenó quemar el aviso de atentado?

Los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils fueron utilizados por el Gobierno de Puigdemont de la manera más miserable.

Cristina Losada
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Los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils fueron utilizados por el Gobierno de Puigdemont de la manera más miserable.
Joseo Lluís Trapero | EFE

El último día de agosto, el jefe máximo de los Mossos, Josep Lluís Trapero, dio junto a su jefe político, el conseller Joaquim Forn, una de aquellas ruedas de prensa, tan celebradas por los medios independentistas, sobre los atentados yihadistas perpetrados dos semanas antes en Barcelona y Cambrils. Esos días, el Govern y sus corifeos se afanaban en presentar a Trapero como el intachable jefe de una fuerza policial que se había demostrado modélica en su reacción al atentado y en su manera expeditiva de acabar con los terroristas. Al mayor se le llenaba de elogios por su competencia profesional, pero no se le alababa menos como comunicador. Según decían, exhibía una capacidad de informar y de lidiar con los medios infinitamente superior a la de la Policía y el Ministerio del Interior del "Estado". Trapero estaba, en fin, en su apogeo mediático.

Sólo un diario de Cataluña se atrevió o tuvo la oportunidad de poner algún pero en aquella apología del jefe de los Mossos, que fue común y prácticamente obligatoria después de los atentados. Ese diario fue El Periódico, y su noticia perturbadora, la publicación de un documento con el aviso recibido por los Mossos, de fuentes antiterroristas americanas, sobre un posible atentado islamista en Barcelona durante el verano en zonas turísticas como Las Ramblas. El diario había dado la noticia de la existencia del aviso el mismo día del ataque y el 31 de agosto publicó el documento. Desde su pedestal de superstar policial del Gobierno separatista, Trapero se dirigió entonces al director de El Periódico con estas palabras: "Que explique sin disimulos quién le dicta todo esto". Esto también era un aviso. Era el aviso del jefe de una fuerza policial al director de un periódico.

Ahora, El Periódico ha sabido que aquel documento, un "montaje" según Trapero y Forn, fue uno de los muchos que los mandos de la policía autonómica ordenaron llevar a una incineradora a finales de octubre, y fueron rescatados in extremis por orden judicial. El documento que ambos negaron que existiera existía. El documento que, según Forn, era sólo una pieza de la "campaña de intoxicación y desprestigio de la labor de los Mossos" existía tanto que mandaron que se destruyera. Por lo tanto, mintieron. Primero, mintieron sobre la existencia del aviso de atentado. Después la reconocieron, pero mintieron sobre la existencia del documento.

La cuestión que abre la aparición de ese papel entre los rescatados de la quema no remite a la conjetura y la especulación. No es si de haber dado los Mossos e Interior credibilidad a aquel aviso se hubiera podido evitar el atentado. La cuestión que abre es la de la mentira. Flagrante. Porque si hubo una mentira flagrante sobre un asunto de crucial interés para la seguridad de los ciudadanos, que se sostuvo además con un intento de intimidar a la prensa, no es posible dejarla pasar como se dejó pasar la fáctica amenaza de Trapero, pistola al cinto –así comparecía– al director de un periódico.

Los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils fueron utilizados por el Gobierno de Puigdemont de la manera más miserable. Los utilizaron para hacer de la manifestación de repulsa de los atentados un acto masivo contra "España", con estratégica ubicación de banderas separatistas, carteles contra el Rey y batahola de abucheos. Y los utilizaron para elevar a Trapero a los altares, enalteciendo su figura de cara a una eventual mutación de la policía autonómica en fuerza de apoyo al golpe. Por este motivo, tan inquietante, no toleró el Gobierno separatista ninguna de las dudas razonables que surgieron sobre la actuación de Trapero ante los atentados. Por eso se atrincheró en la mentira flagrante y llegó a intimidar a los versos mediáticos sueltos. Y por eso, una vez instrumentalizados los atentados para el procés, los atentados y sus víctimas dejaron de interesarles. Como si nunca hubieran existido. Como nunca existió el documento que alguien, ¿quién?, ordenó quemar. Dígalo, Trapero, sin disimulos.

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