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Cristina Losada

Sánchez e Iglesias en el círculo de tiza

Al aceptar abiertamente la hermandad ideológica con Podemos, el socialista ha acabado por meterse en su juego.

Cristina Losada
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Al aceptar abiertamente la hermandad ideológica con Podemos, el socialista ha acabado por meterse en su juego.
EFE

El secretario general de Podemos ha debido de aprender de un populista avant la lettre como es Miguel Ángel Revilla, que cunde mucho llevar un regalo cuando tocan entrevistas o encuentros con personas relevantes. Cunde, es decir, por el efecto relámpago que proporcionan los flashes de las cámaras, los urgentes noticiosos y la cascada en las redes sociales. Pero ese es el terreno en el que se han especializado los dirigentes del partido Podemos, y ahí no suelen defraudar al respetable. Al Rey, la serie Juego de Tronos, a Rajoy, un libro de Machado (Antonio, más popular que Manuel) y a Sánchez, uno de baloncesto para poner en valor las cosas que los unen. Un programa de gobierno los separa, siempre que valga todavía el que presentó Iglesias con un organigrama muy completo, pero igual se puede, ¡sí se puede!, elaborar una política común sobre una común afición al basket.

Admito que la elección del regalo me sorprendió. Después de tanto marear con el "gobierno a la valenciana", ¿no hubiera sido más apropiado algo típico de esas tierras, siempre en la estela del presidente de Cantabria, pionero y maestro en estas artes? Claro que las anchoas de Revilla, que eran como el puro de Churchill, sólo que sin Churchill, pertenecen a la época de la foto fija (todas las fotos lo son, pero se insiste en decirlo), mientras que los regalos de Iglesias corresponden a la era móvil, como por lo demás toda su praxis política. Tanto es así que cuando pide un "gobierno a la valenciana" no sabemos si pide un gobierno con o sin miembros de Podemos en él, porque el de Valencia no los tiene. Cosa distinta es que haya un acuerdo, apoyo parlamentario o independientes afectos a Podemos en el gobierno. Sin olvidar tampoco que antes había pedido un “gobierno a la portuguesa”. Y que su modelo de país era Noruega.

Nada de esto es serio, ni se puede hablar en serio de ello. ¿Cómo tomar en serio a un dirigente político que presenta como una cesión generosa su anuncio de que no ocupará un cargo que nadie le había ofrecido? Pues ahí lo tienen, en grandes titulares: "Iglesias renuncia a ser vicepresidente". Y, mejor aún, una vez hecha esa tremenda concesión, ese paso atrás desde un paso adelante imaginario, "ahora les toca ceder a otros". Podemos no pierde ocasión de hacer notar que es él quien tiene la sartén por el mango, y no el PSOE. Es una distorsión más de la realidad, pero una que ha de incomodar nuevamente a los socialistas, pese al amistoso de baloncesto.

El juego de Podemos se hubiera visto mejor representado por una de las obras más conocidas de Brecht sobre la pugna por la posesión de unos campos entre dos granjas colectivizadas del Cáucaso soviético. Para resolver el conflicto se representa ante los campesinos una antigua obra china, El círculo de tiza, una recreación del juicio salomónico en la que se ha decidir cuál de dos mujeres se queda con un niño. ¿La rica y poderosa madre verdadera, que lo abandonó, o la sirvienta que se hizo cargo de él y que es la que realmente lo quiere?

De modo remotamente análogo, la presión de Podemos al PSOE se traduce en la pregunta de a quién quieren más los socialistas. ¿Quieren más, vienen a decir, a un partido de izquierdas como nosotros o a un partido de derechas como Ciudadanos? ¿Quieren un Gobierno del cambio como el que tendrían con nosotros o un Gobierno con la política de Rajoy como el que harían con Ciudadanos? Los términos son falaces, pero lo que pretende Podemos es que el PSOE se ponga ante ese círculo caucasiano y demuestre que es realmente de izquierdas y está realmente por el cambio, cosas que únicamente probará si los elige a ellos.

Lástima que los socialistas hayan entrado al trapo. Lo hicieron desde el punto y hora en que dejaron de remarcar que Podemos era un partido populista y pasaron a considerarlo de la familia. Porque la cuestión ahora es la clásica: quién es más de izquierdas, quién es la izquierda verdadera. Esto certifica el fracaso del proyecto inicial de Podemos de situarse fuera del tradicional eje político, pero al tiempo coloca al PSOE mucho más a la defensiva. Sánchez tenía que cuadrar el círculo de formar gobierno mediante el mestizaje, pero al aceptar abiertamente la hermandad ideológica con Podemos ha acabado por meterse en su juego.

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