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Cristina Losada

¿Será distinta Galicia el 20-D?

La eclosión de C's que se vislumbra en Galicia se atribuye al desgaste del PP. Pero cabe sospechar que también incursiona en el electorado del PSOE.

Cristina Losada
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Hasta hace poco se podía pensar que Galicia quedaría relativamente al margen de la reorientación electoral pronosticada para las generales del 20 de diciembre. Las municipales dejaron claro que las Mareas, coaliciones básicamente vertebradas por nacionalistas ajenos al Bloque y Podemos, tenían fuerza en varios núcleos urbanos, y lograrían representación en el Congreso. Pero existía la duda respecto a Ciudadanos. En los comicios de mayo no sacó más que 16 concejales en toda Galicia y no pudo entrar en los ayuntamientos de las dos urbes más pobladas, Vigo y La Coruña. Tampoco en los de Orense y Santiago. Lo consiguió en Ferrol, Pontevedra y Lugo con uno o dos concejales, según los casos.

El pronóstico para C's en Galicia, a partir de aquellos resultados, no parecía favorable. Muchos comentaristas dieron por sentado que Galicia se le resistía -y resistiría- al partido de Albert Rivera. Algunos diagnosticaron las causas. La causa, en realidad: C’s era un partido que rehusaba ponerse el manto galleguista, y sin la protección de ese manto sagrado, inexcusable para hacer política con algún éxito en la comunidad gallega, no tendría nada que hacer. Una moción presentada por la concejala de C’s en el Ayuntamiento de Ferrol para que el gallego no fuera la única lengua oficial de la Administración local confirmó en su opinión a los que pensaban de aquella manera, y de paso levantó el infundio de que Ciudadanos era "enemigo del gallego".

Bien. El domingo pasado La Voz de Galicia publicó una encuesta que situaba a C’s como segundo partido en Galicia el 20-D, con un 15,2 por ciento de los votos. El más votado seguía siendo el PP, con un 27,3 por ciento (de un 52,5 en 2011), el tercero era En Marea, con un 12, 1, y el cuarto, atención, era el PSOE, con un 10,6 por ciento (un 27,6 en 2011). Casi se me olvida: la candidatura impulsada por el BNG apenas llegaba al 3 por ciento, cuando tuvo un 11,2 en las generales hace cuatro años. No hay duda de que las Mareas le están robando el electorado al partido nacionalista stricto sensu.

Tómese el sondeo con todas las cautelas. Los datos que acabo de citar corresponden a la intención declarada de voto y más del treinta por ciento de electores no revelan cuál es su opción. Aún así, no resulta inverosímil. Podrán subir el PP y el PSOE, y seguramente lo harán. Pero lo que resultaría inverosímil es que un partido que está despuntando en las encuestas de ámbito nacional quedara en Galicia completamente al margen de esa tendencia. Pese al título archiconocido del tema de Resentidos de los 80, Galicia no es un sitio distinto.

La eclosión de C's que se vislumbra en Galicia se atribuye al desgaste del PP. Pero los dirigentes socialistas gallegos insisten tanto en que votar a Ciudadanos es como votar al PP, que hay que sospechar lo obvio: también incursiona en el electorado del PSOE. Para las filiales gallegas de los dos grandes partidos ha de ser particularmente desconcertante que una fuerza como Ciudadanos emerja en Galicia. Y no sólo porque no tiene aún una presencia notable sobre el terreno.

Ambos partidos han actuado en Galicia desde la premisa de que el espacio político era galleguista y sólo galleguista, y su propia actuación ha contribuido a asentar tal premisa. ¿Qué significa galleguista? Doctores tiene la iglesia y sin su concurso no será fácil aclarar la cuestión. Pero viene a ser una profesión de fe identitaria menos excluyente que la propiamente nacionalista, aunque en competencia con ella.

Esto no se traduce únicamente en políticas lingüísticas que tienden a proscribir el idioma español de la vida pública o de la enseñanza. Significa nutrir en todos sus aspectos la idea de la singularidad: hacer como que Galicia es un sitio distinto. Tan distinto que se convierta en coto cerrado, en términos políticos y en otros: un coto cerrado beneficia en especial a la clerisy, a cuantos viven de generar, preservar y difundir el discurso de lo identitario y la singularidad.

Ese discurso es el que ha estado subyacente en la política autonómica gallega, el marco de referencia del que nadie se había salido. Los estados mayores del PP y el PSOE gallegos deben andar perplejos con la aparición en las quinielas de C’s. No lo estarían tanto si se hubieran percatado de que el marco galleguista y el consenso identitario han sido una creación política -suya, para más-, de débil o nula conexión con buena parte de la sociedad.

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