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Cristina Losada

Todo lo que no pasó el 26-J

¿Cómo nos equivocamos tanto? ¿Cómo dimos por hecho el 'sorpasso' de Unidos Podemos al PSOE? ¿Cómo permaneció tan oculta la remontada del PP?

Cristina Losada
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¿Cómo nos equivocamos tanto? ¿Cómo dimos por hecho el 'sorpasso' de Unidos Podemos al PSOE? ¿Cómo permaneció tan oculta la remontada del PP?

En la noche de la jornada electoral, con el recuento lo suficientemente avanzado como para no esperar grandes cambios, el corresponsal de la radiotelevisión austríaca (ORF) en Madrid, Josef Manola, puso en Twitter: "26-J. Los perdedores: encuestadores, politólogos, periodistas, Podemos. El ganador: Mariano Rajoy". Me incluyo en la lista de perdedores, dentro del modesto apartado periodístico, para preguntar: ¿cómo nos equivocamos tanto? ¿Cómo dimos por hecho el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE? ¿Cómo permaneció tan oculta la nueva ración de voto que se iba a llevar el PP?

Los periodistas tenemos la suerte de poder culpar a las encuestas, y los de las encuestas tendrán que hacérselo mirar, pero más allá de hacernos -o de que nos hagan- la autocrítica, el asunto es que el resultado electoral fue sorprendente. Y no porque hubiera diferencias colosales con el 20-D, sino por la colosal diferencia con las expectativas. Para medir la sorpresa, factor al que siempre son muy sensibles los medios, baste comparar qué imágenes prevalecieron en las televisiones en las dos noches electorales. El 20-D mandó la fiesta de Podemos en la plaza del Reina Sofía; el 26-J, la fiesta delante de la sede del PP en Génova, 13.

Si la remontada del PP pasó por las aduanas demoscópicas sin que la detectaran, la resistencia del PSOE las atravesó tan clandestinamente que su rival por la hegemonía en la izquierda se quedó de piedra cuando la descubrió. En Unidos Podemos aún están haciéndose a la idea de que el sorpasso no fue más que el sueño de una noche de verano. Pero estaba escrito en el firmamento. Durante la campaña, Iglesias puso en Twitter una foto en un avión con Alberto Garzón con el texto: "Despegando juntos… hacia el cielo". El periodista Pablo García-Mancha la recuperó en la noche electoral y añadió: "Aterrizaje forzoso". El partido que más confiaba en beneficiarse de la repetición electoral ha sufrido una seria conmoción al tomar contacto con la pista de la realidad. Vayan acostumbrándose.

Todo el mundo anda a la busca de explicaciones para un comportamiento electoral distinto al esperado. El voto a favor del Brexit pudo inclinar la balanza a última hora, como exponía aquí José García Domínguez y barruntaban en algunos medios británicos. La hipótesis es que, en vista del terremoto provocado por el referéndum en el Reino Unido, muchos votantes españoles se lo repensaron. Porque uno queda muy satisfecho votando contra el statu quo para expresar su malestar e indignación, pero, ¡ay!, resulta que romperlo tiene consecuencias sobre las que no se había meditado.

Tan es así, incluso peor, que el día después del Brexit lo que más buscaron en Google los británicos fue "qué es la Unión Europea". Mutatis mutandis, a lo mejor el cambio de voto que hubo entre el 20-D y el 26-J se debió a que muchos españoles sí buscaron antes en Google qué era Unidos Podemos. Fuera bromas: tal vez influyó la sensación de fin del mundo que produjo el Brexit, pero, de ser así, bien podían haber reflejado su efecto los últimos sondeos y no lo hicieron.

Nuestro enigma tiene una explicación posible: las expectativas que se crearon a lo largo de estos meses provocaron reacciones que las frustraron. La seguridad de que se produciría el sorpasso puede que no movilizara mucho a los votantes del PSOE, pero desmovilizó lo suficiente a los de Unidos Podemos. Del otro lado, el riesgo de que Iglesias Turrión pudiera aspirar a la presidencia del Gobierno con el apoyo renuente del PSOE despertó a los votantes dormidos del PP y arrastró a algunos de los que le habían sido infieles en diciembre. Los partidos emergentes, aunque despierten entusiasmo, todavía no tienen votantes tan fieles como los tradicionales, y lo raro sería lo contrario.

La fragmentación persiste, pero corregida. Corregida a favor de los dos grandes partidos. Ambos tienen ahora la oportunidad de corregirse y, con mayor urgencia, la responsabilidad de evitar un desencuentro como el que abocó a repetir las elecciones. Yo, en su lugar, no tentaría más a la suerte.

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