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Daniel Rodríguez Herrera

A Irene Montero le da igual que asesinen a Yaiza

El feminismo no tiene líneas rojas. Explotará lo que sea para avanzar su agenda de discriminación y odio contra los hombres.

El feminismo no tiene líneas rojas. Explotará lo que sea para avanzar su agenda de discriminación y odio contra los hombres.
Irene Montero. | EFE

El Gobierno y los medios, es decir, la izquierda oficial al completo, han saltado en tromba a denunciar el vil asesinato de Anna y Olivia por parte de su padre como una prueba más del machismo que nos invade. "Esta violencia que se ejerce contra las mujeres madres para golpear donde más duele es una cuestión de Estado. No más violencia vicaria", escribía la ministra de Igualdad en Twitter. La progresía se ha lanzado en tromba a hacer un uso político sectario y sexista del caso y a introducir el concepto violencia vicaria en el léxico público con la misma ferocidad con la que llevan años denunciando el síndrome de alienación parental, que es lo mismo pero con el extraordinario defecto de que también pueden cometerlo las mujeres. Porque para la izquierda moderna, aquello que no sirve a sus fines no existe. Peor, no puede existir.

Matar a tus propias hijas para hacer daño a tu expareja no es machismo, es maldad. Pura, simple y llana maldad. Por eso a las personas normales, a quienes no sufrimos esa enfermedad terminal que se llama feminismo, nos sacude el mismo horror con el asesinato de Anna y Olivia que con el de Gabriel, el de Ruth y José o el de Yaiza. A quien profesa la fe feminista no. Tiene un agujero de empatía que le hacer estallar de dolor e indignación cuando el asesino es el padre, pero le produce la mayor de las indiferencias que la asesina sea la madre. Lo primero es una forma de violencia machista, y esa es la única que existe e interesa, la que alimenta la fe de los verdaderos creyentes y los separa de nosotros, pecadores. La que les permite sentirse repletos de bondad e inmensamente superiores a los demás mortales. La que, además, se ha convertido en una forma de vida para miles de personas que, de otro modo, no valdrían ni para estar en la caja del Saturn.

Los hombres cometen aproximadamente el 90% de los delitos violentos. Que el 90% de los asesinos que matan a sus parejas o exparejas sean hombres es, por tanto, lógico. Tiene hasta una explicación basada en la biología: los machos de cualquier especie tienden a divergir mucho más que las hembras en la mayoría de sus rasgos. El caso más estudiado es el referido a la capacidad cognitiva: aunque de media hombres y mujeres seamos igual de inteligentes, hay más hombres en los extremos de la distribución. Además, los hombres como grupo somos ligeramente más agresivos que las mujeres, algo que no produce grandes diferencias entre quienes estamos (supongo) en la media o cerca de ella, que somos la inmensa mayoría en ambos sexos, pero que sí lo hace en el extremo superior de la agresividad, donde casi todos son hombres.

Lo anormal, lo que necesita de una explicación extra, no es por tanto que la inmensa mayoría de los crímenes de pareja los cometan los hombres, sino que la práctica totalidad de los asesinatos de recién nacidos los cometan mujeres y que, según sugieren los pocos estudios que se han hecho al respecto, la mayoría de los asesinatos de hijos ya un poco más mayores sean también cometidos por mujeres, aunque aquí las diferencias no sean ya tan acusadas. No nos llamemos a engaño: todos sabemos que si no hay cifras oficiales sobre este tipo de asesinatos no es porque mayoritariamente los cometan los hombres. De hecho, el mismo concepto de violencia vicaria que están ahora metiéndonos por la tráquea nuestras élites es igual de restrictivo e ideologizado que el de violencia machista: si lo definimos de tal modo que sólo puedan cometerlo los hombres, naturalmente el resultado será que sólo lo cometen los hombres. En breve tendremos estadísticas del número de víctimas de la violencia vicaria asesinadas por sus padres, pero seguiremos sin saber cuántos niños mueren a manos de sus madres. Y gracias a eso volveremos a tener leyes hechas para penalizar a los padres por el hecho de ser hombres y cometer violencia vicaria, envenenando aún más las relaciones familiares en España.

El feminismo no tiene líneas rojas. Explotará lo que sea y como sea para avanzar su agenda de división y enfrentamiento entre sexos y discriminación y odio contra los hombres. Ahora están abusando de Anna y Olivia como abusaron y siguen abusando de los hijos de Juana Rivas; les importan un comino, pues lo único que les importa son ellos mismos, su ideología y mantener esa maravillosa sensación de que son mejores que tú y que yo. Irene Montero, Carmen Calvo y demás enchufados no han dedicado ni un segundo de su tiempo al terrible asesinato de Yaiza porque no lo pueden explotar política ni sentimentalmente. Pero llegará el día en que el péndulo pase al otro lado, con el aplauso general, y entonces llegará el "retroceso histórico", la "pérdida de derechos" y demás mantras con que los progres nos aburren cuando se frenan sus desmanes. No llegará ni un minuto demasiado pronto.

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