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Daniel Rodríguez Herrera

El fin de las direcciones de internet

¿Qué acabará sucediendo? Pues que existan dos internet funcionando en paralelo, una con IPv6 y otra con IP, con una conectividad entre las dos limitada.

Daniel Rodríguez Herrera
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De tanto en tanto aparece algún gurú o empresa despistada augurando el inminente colapso de internet, debido a que las empresas de telecomunicaciones no darían abasto para gestionar todo el tráfico de la red, debido a las necesidades crecientes de los usuarios. En realidad no se refieren a que de un día para otro no nos podamos conectar, sino que nos iría todo más y más lento hasta hacer internet imposible de utilizar. Se han equivocado siempre, y no hay indicios de que vayan a acertar en el futuro.

Sin embargo, sí hay un colapso bastante inminente. Hace años que se veía venir y, según pasa el tiempo, la fecha límite se va acercando. Al final, todo apunta a que caerá en algún momento de febrero. Será el día en el que el espacio de direcciones IP se agote. ¿Y eso qué es? Algo así como el listado telefónico de internet. Todo dispositivo conectado a la red de redes tiene un número IP, que es algo así como un número telefónico. Tanto usted que me lee como este periódico digital al que accede tienen el suyo. Como usuarios no solemos toparnos con esos números. Escribimos en el navegador "libertaddigital.com", no "212.85.33.47". Pero esas direcciones IP funcionan siempre aunque no las vea. Su ordenador tiene una. Ésta.

Si no tiene dirección IP no está conectado a internet. Así de simple. Aunque existen cosa de 4.000 millones de direcciones distintas, en breve ya estarán todas ocupadas. Y eso, a pesar de emplear diversos trucos para aprovecharlas mejor. Por ejemplo, si se conecta desde una oficina, lo más probable es que todos los ordenadores de su red se conecten a internet compartiendo una misma dirección. Si se conecta desde casa seguramente su proveedor de acceso le asigne una dirección dinámica; en cuanto se desconecte se la dará a otro, de modo que pueda haber más internautas que direcciones.

¿Y qué pasará una vez hayamos llegado a ese final? En principio, nada. Pero cuando nuevos usuarios o lugares en internet se quieran conectar a la red, podrían tener problemas para hacerlo. Evidentemente el problema se veía venir desde hace mucho tiempo y existe desde hace más de una década una solución. Se llama IPv6 y tiene direcciones para aburrir: por hacer una comparación, si las 4.000 millones de IP fuesen un milímetro, las disponibles en IPv6 serían ochenta veces el diámetro de la galaxia. Cuando alguien se quiera conectar a internet y no existan direcciones IP disponibles, recibirá una IPv6.

El problema es que internet es muy grande, tiene muchos ordenadores conectados y muchos dispositivos que los conectan entre sí y gestionan el tráfico. Y todos ellos deberían ser compatibles con IPv6. Pero por ahora poco se ha hecho para llevar a cabo la transición. Los sistemas operativos están preparados desde hace muchos años, así que su ordenador seguramente sea compatible. Otra cosa es el router con el que se conecta a la red, y los que tenga su proveedor de acceso. O los sitios web. Facebook y Google ya son compatibles, pero la mayor parte no.

¿Qué acabará sucediendo? Pues que existan dos internet funcionando en paralelo, una con IPv6 y otra con IP, con una conectividad entre las dos limitada; es decir, que seguramente podríamos ver las web IPv6 desde un ordenador IP y viceversa, pero no intercambiar ficheros mediante Emule o BitTorrent, por poner un ejemplo. Durante una pila de años, además. Ahora mismo sólo un 1% de todo el tráfico de internet es IPv6. ¿Cuánto será dentro de un año?

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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